Compartir la vida con alguien es una de las experiencias más gratificantes que existen, pero compartir la cama… eso ya es otro cantar. De hecho, numerosos expertos en descanso coinciden al decir que dormir acompañado es un arte que requiere de las herramientas adecuadas. Así que, si te despiertas cada vez que tu pareja se da la vuelta o sientes que te hundes hacia su lado de la cama, tranquilo, no estás solo.
Sin embargo, la solución para recuperar tus horas de sueño suele pasar por elegir piezas de muelles ensacados, considerados en la actualidad aliados de la armonía conyugal. Ten en cuenta que lograr un sueño profundo y sin interrupciones es vital para nuestra salud física y mental. Y cuando dormimos en pareja, factores como la diferencia de pesos, los movimientos nocturnos o incluso las distintas temperaturas corporales pueden convertir el descanso en una auténtica batalla campal.
Acompáñanos a descubrir cuáles son los problemas más comunes que enfrenta una pareja que comparte el lecho, así como las posibles soluciones para que «dormir juntos» no sea sinónimo de «dormir mal».
Los desafíos de la cama compartida
Como ya adelantamos, dormir con otra persona introduce variables que nuestro cuerpo debe procesar. El cerebro, incluso mientras dormimos, se mantiene alerta ante estímulos externos, por lo que cuando compartimos el colchón, los problemas más comunes suelen ser:
La transferencia de movimiento
Seguro que te suena: estás en la fase más profunda del sueño y, de repente, sientes que el colchón se sacude todo porque tu pareja ha decidido cambiar de postura. Ese movimiento que se transmite a través de la estructura del colchón interrumpe tu ciclo de sueño y, aunque no llegues a despertarte del todo, provoca que tu cerebro salga del sueño profundo, haciendo que te levantes con la sensación de no haber descansado nada.
La diferencia de pesos y el efecto «tobogán»
Si existe una diferencia de peso considerable entre los miembros de la pareja (por ejemplo, de más de 20 o 30 kilos), el colchón tiende a ceder más hacia el lado de la persona más pesada. Esto crea una inclinación involuntaria que hace que la persona más ligera «ruede» hacia el centro o hacia su pareja. Lógicamente, este desequilibrio impide que la columna mantenga una posición neutral, causando dolores de espalda y micro-despertares constantes al intentar recuperar la posición.
El secreto del éxito: la «independencia de lechos»
Ahora bien, en el mundo del descanso, existe un término que toda pareja debe conocer antes de renovar su equipo de dormir: la independencia de lechos.
Esta se refiere a la capacidad de un colchón para absorber el movimiento y el peso en una zona sin que estos afecten al resto de la superficie. En palabras más sencillas, significa que si tu pareja se levanta al baño o se mueve inquietamente a las tres de la mañana, tú no deberías sentir absolutamente nada en tu lado de la cama.
Como te podrás imaginar, lograr esta independencia es el «santo grial» para quienes comparten cama. Antiguamente, esto era muy difícil debido a que los colchones de muelles tradicionales, unidos por un hilo de acero, funcionaban como una sola red: si movías una esquina, se movía todo el colchón. Pero la buena noticia es que hoy en día las cosas han cambiado; la tecnología ha evolucionado para ofrecernos soluciones mucho más precisas y respetuosas con el sueño individual. Ejemplo de ello son los colchones con muelles ensacados.
Razones por las que los muelles ensacados son la mejor opción para las parejas
De manera que, si estás buscando esa ansiada independencia de lechos, debes fijarte en el núcleo de tu colchón, ya que este es un factor determinante. Tan es así que los colchones de muelles ensacados son considerados hoy por hoy la tecnología más eficiente para dormir acompañado.
¿Cómo funcionan los muelles ensacados?
A diferencia de los muelles convencionales, en este sistema cada muelle está alojado dentro de su propia bolsa de tela o «saco» individual. Al no estar unidos físicamente entre sí, cada muelle actúa de forma independiente según la presión que recibe.
Por lo tanto, cuando tu pareja se mueve, solo reaccionan los muelles que están debajo de su cuerpo, absorbiendo el movimiento. El resto de la cama permanece estable y firme, evitando que este se propague hacia ti. Además, este sistema se adapta al contorno de cada cuerpo de forma individual. Así que, si uno pesa 90 kilos y el otro 60, los muelles de cada lado trabajarán con la resistencia necesaria para cada uno, evitando que el colchón se incline y manteniendo la columna de ambos miembros de la pareja alineada.
Finalmente, está el hecho de que este tipo de muelles permite que el aire circule por el interior del colchón, algo que se agradece cuando uno de los dos es más «caluroso», ya que ayuda a regular la temperatura y evita que el calor de uno moleste al otro.
Otros factores que mejoran el descanso en compañía
Si bien el colchón es la base de todo, existen otros elementos de la higiene del sueño que pueden marcar la diferencia entre una noche de insomnio y un descanso reparador.
El tamaño sí importa
En España, durante años el estándar para parejas fue la cama de 135 cm. Sin embargo, para un óptimo descanso, los expertos recomiendan un ancho mínimo de 150 cm (Queen Size), pero lo ideal son 180 cm (King Size). Esto debido a que cuanto más espacio personal tenga cada uno, menor será la probabilidad de choques accidentales o de invasión del espacio vital durante la noche.
La batalla por el edredón
Muchas personas también se quejan de que su pareja les quita la manta o el edredón al girarse. En estos casos, lo mejor es aplicar la técnica escandinava: usar dos edredones individuales en una misma cama matrimonial. Esto permite que cada uno regule su propia temperatura y se mueva con total libertad sin destapar al otro.
La elección de la almohada
No cometas el error de comprar dos almohadas iguales por cuestión de estética. Que sepas que la almohada debe elegirse según la complexión física y la postura al dormir de cada persona. Si tú duermes de lado y tu pareja boca arriba, vuestras necesidades de firmeza y altura son totalmente distintas. Además, una almohada adecuada ayuda a evitar ronquidos y movimientos incómodos del cuello.
Sin duda, dormir bien es básico para nuestra salud, pero también para la salud de nuestra relación, porque la falta de sueño nos hace estar más irritables, menos pacientes y disminuye nuestra capacidad de comunicación. Por ello, elegir un sistema de descanso que respete la individualidad de cada uno dentro de un espacio compartido no es un lujo, es una necesidad cívica y de bienestar.
Cuando vayas a comprar un colchón, busca piezas de muelles ensacados que ofrezcan una verdadera independencia de lechos y verás que esa es la mejor inversión que podéis hacer como pareja. Así, el único motivo por el que se despertarán será el despertador (o un abrazo).
