Reducir los gastos de las campañas electorales… ¿a cualquier precio?




por YAGO CAMPOS

La XI legislatura de nuestra democracia acabó sin pactos para formar gobierno pero sí con un consenso generalizado entre los principales partidos para reducir costes en la nueva campaña electoral que se nos avecina. Una campaña más austera que se conseguiría principalmente reduciendo cartelería, mailing o limitando el techo de gasto.

A primera vista parece sensato introducir esta serie de medidas, toda vez que las anteriores elecciones fueron en diciembre y que prácticamente todo el 2015 hemos vivido en plena campaña electoral. Todo este ahorro se podría resumir en la frase que ha sonado con fuerza estos días “Más Twitter y menos buzoneo”.

Vaya por delante que apostar por las redes sociales o por estrategias de microtargeting electoral me parecen iniciativas necesarias y útiles para conectar con una parte del electorado. Pero focalizarnos o centrarnos sobre ellas harán que otra parte del mismo pueda quedar desatendido. Desgraciadamente en nuestro país sufrimos el fenómeno conocido como brecha digital.

Cuando hablamos de brecha digital no solo aludimos a cuestiones de edad sino también de nivel socioeconómico. Está demostrado que las personas con rentas más bajas acuden en menor proporción a votar de la misma forma que son las que más complicaciones encuentran para acceder a conexiones de Internet y redes, con el resultado negativo que ello tendrá sobre su motivación a la hora de emitir su voto.

Una campaña repleta de hashtags, podcasts, trending topics o debates por streaming es probable que sea más barata y permita economizar recursos pero no lo hagamos a costa de privar a una parte de la sociedad de estar bien informados a la hora de ejercer su derecho al voto.

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