Por lealtad

por Ysabel Sanz Orozco, firmado y suscrito por miembros de Nuevas Generaciones de Madrid, que apoyaron en primarias a Cospedal y a Sáenz de Santamaría.

Hace poco más de un mes, se fue de la política un hombre bueno, honrado como pocos, y con la dignidad intacta. Mucho le debemos a Mariano Rajoy, no sólo a título de Partido, sino como españoles. Trabajó como el que más, dedicó sus horas a la España quebrada, una España hundida bajo una tasa del desempleo feroz, una crisis que llegaba hasta la médula de cada uno de nosotros, una sociedad, que tenía la moral por los suelos.

Con la llegada de Sánchez a la Moncloa, en vísperas a unas candidaturas aún sin presentar, y unas primarias que parecían del todo poco creíbles, cogía un avión a Budapest cuando me enteré que Feijoó no iba a presentarse para liderar el ya huérfano Partido Popular. Y ahora qué, me preguntaba, siempre, – y cualquiera que me conozca lo sabe- fui partidaria que lo mejor era llegar a un acuerdo entre los líderes, formar una única lista de consenso, y llegar al Congreso sin mayor exaltación, bastante habíamos tenido ya.

De vuelta a España, y con obligaciones todavía que cumplir, entre unas cosas y otras, el plazo se acababa, y como siempre he creído que la vida te pone en la disyuntiva de ser mero espectador o partícipe de ésta, decidí una vez más afrontar la situación, tomar decisiones, y como afiliada del Partido Popular elegir entre los candidatos.

Siempre he sabido lo que quería, mis objetivos, y los valores debían regir mi vida, por eso elegí a María Dolores de Cospedal como mi candidata, porque pensaba que era lo mejor para el Partido y también para España. Mujer valiente, que fuera donde fuera defendía el orgullo de pertenecer a este gran Partido, con coraje y guiada siempre por el interés del bien común.

Puse mi tiempo, el empeño y todo lo que podía dar para ayudar en su campaña, y no me avergüenzo, porque donde unos veían rebeldía en mi decisión, yo veía la cordura de saber qué era lo mejor. Pensé mucho qué decisión era la mejor, o cuál podría ser la más acertada, no es que me equivocara, ya que no me arrepiento de tal decisión, porque lo que tengo claro es que yo SÍ elegí con libertad, yo sí escogí sin tener que dar ningún tipo de explicación a nadie, porque de eso se trataba o eso creía.

Como puse en un tweet, y así lo expresé el día de las primarias, hemos sido muchas las personas que nos hemos posicionado públicamente a favor de nuestra todavía Secretaria General, y probablemente lo volveríamos a hacer, pero ahora, llegados a este punto, consideramos que tenemos la legitimidad de pedir, no sólo a los compromisarios de Cospedal que apoyen a Soraya, sino, que todos cerremos filas en torno a ella.

 Por experiencia, gestión y proyecto. Por ser garantía de presente y también de futuro.

Y porque, estamos hartos de las bravuconadas del PP de Madrid y sus Nuevas Generaciones, porque no, porque han podrido la primera planta de Génova 13, porque han hecho del Partido, su cortijo personal para colocarse entre ellos, porque mientras ahora reniegan de su pasado, y dicen no tener mochilas, se les olvidan que antes de ser Pablistas, han sido Aguirristas y Cifuentistas, que les daba igual quién fuera, si la silla seguía teniendo su nombre.

Me produce vergüenza ajena, que el propio candidato se apropie del reconocimiento y el honor de las víctimas del terrorismo, cuando ha sido baluarte de todos, y no consiento bajo ningún concepto, que lo haga en nombre de sólo la gente que le apoya.

Han utilizado los medios para victimizar su candidatura, han jugado no sólo de manera rastrera, sino llegando a lo hipócrita y vomitivo.

No hay proyecto, ni futuro en sus palabras. No hay ilusión, y tampoco honradez.  Madrid, despierta, porque un Partido Popular puede ser mejor.

Porque llevo a este Partido en la sangre, por lealtad, amor, y por lo que realmente representan las siglas, por una historia que está por escribir, por la unión y no la división, por un futuro que escribamos entre todos, por el Partido Popular.

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