Dolor en la Memoria, dolor en Madrid

por Juan Pedro Rodríguez, profesor de Historia y miembro del Comité Regional del PSOE-Madrid.

En 1936, nada más comenzar la Guerra Civil que enfrentaba al gobierno de la República contra los sublevados o bando Nacional, el tablero internacional se posicionó, en lo “moral” mayoritariamente con el gobierno Republicano y constitucional, pero en lo armamentístico claramente con ventaja de los golpistas, con un fuerte apoyo de Alemania e Italia, que querían ganar España como ficha del tablero internacional hacia el lado de las dictaduras. La URSS de manera timorata prestó ayuda a la República, desde una perspectiva de intervenir en la política nacional. Sin embargo, posiblemente el miedo a Hitler, la inestabilidad de los países de nuestro entorno como Francia, o la lejanía con la cual se veía a España, llevaron a que las democracias mirasen para otro lado, apostando por la no intervención, mientras Alemania e Italia intervinieron tantas veces como quisieron, por mar, tierra y aire, nunca mejor dicho.

Sin embargo, en más de 50 países, unas veces aglutinados por partidos políticos y otras veces de manera más individual, personal y intransferible, miles de personas, identificadas con los valores que implica la democracia y la lucha contra el fascismo internacional, dijeron que no a la política de miedo a Hitler y a la no intervención. Dieron el paso, con valentía, con más valentía que preparación militar, ya que la mayoría carecían de la misma y eran obreros. Aquellas 60000 personas son las Brigadas Internacionales. Posiblemente su ayuda militar o la efectividad de la misma fue poca, pero su presencia dotó de ánimo a la República, imprimiendo una gran fuerza moral impagable. El pago y homenaje llegó ya en tiempos de la actual Democracia, como no podía ser menos: un estado demócrata recordando a quienes lucharon por nuestra anterior democracia. Y diferentes municipios de España les recuerdan con placas, monumentos o calles. Ya había hecho demasiados homenajes la Dictadura Franquista a la Legión Condor, que no vino a defender precisamente la democracia, sino a experimentar nuevas armas y sobre todo respaldar a un bando, el golpista, que se identificaba con los valores del Nazismo.

El sábado amaneció el monumento a los brigadistas de Morata de Tajuña lleno de pintadas, y ayer igual con la placa y tumbas a brigadistas del madrileño cementerio de Fuencarral. En ambos casos pintadas similares, quien sabe si realizadas por las mismas personas, pero si por la misma ideología, ya que son pintadas que llevan la seña de las Bases Autónomas de extrema derecha, contra los propios Brigadistas, y con insultos a los judíos. Un catálogo de insultos racistas y de ideología política, que solo indican la bajeza y catadura de quien los ha realizado. Por eso hoy siento dolor por la Memoria, y también me duele Madrid. Porque no solo la aplicación de la Ley de Memoria va lenta y con muchas trabas, sino porque a veces nos encontramos episodios de este tipo. Tengo la certeza de que este tipo de personas que sueñan con asfixiar la democracia y destrozar la convivencia pacífica, son muy pocos. Y por ello, pido tener los ojos abiertos, que ese tipo de personas son de las que les gusta mostrar sus grandes “proezas” y quién sabe si en alguna red social podamos encontrar algún comentario o fotografía que les delate.

Ojo avizor para que esta sociedad use todas las armas que tiene contra esos comportamientos, ya sea código penal o civil, hacer protección especial de dichos monumentos, aumentar la vigilancia, apostar por incluir la memoria histórica y democrática en el ámbito de la educación, reforzar y agilizar la ley de memoria histórica, incluso complementarla con leyes regionales, ordenanzas… pero sobre todo reforzar la solidaridad entre las personas y no dejar que manchen la imagen y el recuerdo de los únicos extranjeros que en 1936 apostaron por nuestra democracia abandonando sus países y perdiendo muchos la vida. Un reconocimiento similar al que tienen los exiliados españoles en su participación en la Resistencia contra Hitler en Francia. Allí nadie, sea de derechas o de izquierdas sería capaz de profanar la memoria de aquellos españoles, habiendo sido muchos deportados por ellos a campos de concentración del Reich. Ese mismo reconocimiento es el que hay que tener hacia los brigadistas internacionales, presentes en la ley de Memoria Histórica como no puede ser menos. Es el momento de no mirar para otro lado, para que muchas personas no sientan dolor por la Memoria, como yo lo tengo hoy, sino que es el momento de reforzarla, como motor de democracia y de justicia social.

 

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