USA o el mundo patas arriba

por MARCOS CARASCAL



El Partido Republicano, democráticamente, ha elegido a su candidato: Donald Trump. Este individuo se ha caracterizado por esbozar una grotesca imagen del conservadurismo norteamericano. El candidato de los republicanos apuesta por construir unos Estados Unidos de América a imagen y semejanza de sus delirios xenófobos y retrógrados. Incluso el papa Francisco le ha amonestado por su sueño de blindar su país con un muro, generando una batalla entre el Solio Pontífice y el todopoderoso magnate. Fuere como fuere, el neoyorquino ha logrado desterrar a otros precandidatos de la talla de Cruz y de Rubio.

Nuestro hombre ha echado a correr por los circuitos que desembocan en la Casa Blanca. Algunas encuestas lo aúpan al Despacho Oval. Estos sondeos congelan un porcentaje de estadounidenses que apoyarán incondicionalmente a Trump. Él mismo lo sintetizó en la siguiente frase: “Podría disparar a gente en la Quinta Avenida, y no perdería votos”.

Entre los demócratas, por su parte, han pujado dos grandes personalidades por la conducción del partido “elefante”. En primer lugar, la ex-primera dama y derrotada de las anteriores elecciones primarias, Hillary Clinton; y el veterano activista, Bernie Sanders. Los sufragios internos han cosechado una abrupta ruptura entre los demócratas. Es evidente que, entre los seguidores de Clinton y los de Sanders, se ha impuesto una afilada desconfianza. Los ataques entre los dos equipos han sido numerosos. La propia Clinton llegó a tildar la campaña de su compañero como “de la mentira”.

Decía Galeano que “el mundo está patas arriba”. Estados Unidos es otro de los escenarios en los que la rebeldía contra el establishment amaga con provocar desastrosas consecuencias. Trump, suficientemente engalanado con dólares, sostiene que “Estados Unidos es un país en el que hablamos inglés; no español”. Asimismo, esta arrogancia también ha sido disparada contra respetables dirigentes republicanos, como McCain. De él, Trump dijo que “no era un héroe de guerra”; pues “prefiere a los que no han sido capturados”. Y como colofón a esta ristra, la incoherencia residente en su tálamo: su esposa Melania Trump, proveniente de Eslovenia. En otras circunstancias, dudo que esta hermosa mujer hubiera sentido admiración alguna por el conductor de los republicanos.

Las formaciones políticas de Estados Unidos se nutren de dinero privado; y puede llegar a ser un problema. El equipo de Clinton se abastece de dinero proveniente de personas del ámbito del transporte de compañías de transporte fósil, entre otros. Este hecho, particularmente, ha suscitado una gran oleada de críticas. Clinton, intentando escapar de los focos de la noticia, lanzó el balón a Sanders, advirtiendo que a él también le financian gente de ese entorno. Y eso puede ser lo que haya hartado —verbo empleado por Clinton— a tantos estadounidenses: el “tú más” y la ausencia de debate.

“El mundo está patas arribas”, decía Galeano. Tan patas arriba está como aquel ex-manifestante contra la intervención en Irak que recuerda a Bush como ejemplo en el Partido Republicano. Ahora, con estos vendavales avecinándose, germina una cierta nostalgia del combatido pasado.

Fíjense si “el mundo está patas arriba” que un español —yo—, con el panorama que aquí tenemos, se dispone a escribir un análisis sobre la situación política estadounidense.

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