Facturas la maleta en la T4 de Barajas, pasas el control de seguridad y te preparas para ese ansiado vuelo transoceánico. Ya sea Tailandia, Bali o la Riviera Maya, los viajes de larga distancia son el comienzo perfecto de las vacaciones. Sin embargo, mientras tú te acomodas para ver tres películas seguidas, en tu boca está a punto de desatarse una tormenta perfecta.
El ambiente de la cabina de un avión es uno de los entornos más hostiles para la salud bucodental. Los especialistas de Clínica Castelo, referentes en odontología y estética dental en Madrid, nos explican qué le ocurre a tu boca a 10.000 metros de altura y cómo evitarlo.
1. La cabina del avión: un desierto para tu saliva
El aire dentro de un avión está presurizado y tiene unos niveles de humedad extremadamente bajos, a menudo por debajo del 20% (más seco que el desierto del Sáhara). Esta falta de humedad provoca una deshidratación casi inmediata en las mucosas, reduciendo drásticamente la producción de saliva dejando sensación de boca seca.
¿Por qué es esto un problema? La saliva es el limpiador natural de la boca; regula el pH y barre las bacterias. Al desaparecer, y tener los dientes encapsulados bajo el plástico de tu tratamiento de ortodoncia invisible, creas el microclima ideal (seco, cálido y sin oxígeno) para la proliferación bacteriana. El resultado es un aumento dramático de la placa, aumento de riesgo de caries y una fuerte halitosis (mal aliento) al aterrizar. Es normal que al aterrizar notemos la boca “pastosa”.
2. El caos del lavabo a 10.000 metros de altura
Durante un vuelo largo, se sirven varias comidas y snacks. La pereza de levantarse, hacer cola en el minúsculo lavabo del avión y lidiar con turbulencias hace que muchos pasajeros cometan el mayor «pecado» odontológico: volverse a poner los alineadores sin haberse cepillado los dientes.
Encerrar restos de comida y azúcares contra el esmalte durante horas es letal. Al disminuir la saliva disminuye la capacidad de neutralizar ácidos, remineralizar el esmalte y controlar el crecimiento bacteriano. Es fundamental cepillar los dientes tras cada comida.
3. Barodontalgia: cuando la presión aprieta
Los cambios de presión atmosférica durante el despegue y el aterrizaje no solo taponan los oídos. Si tienes alguna microfisura en un diente, una caries no diagnosticada bajo un empaste o un desajuste reciente, el gas atrapado en esos espacios microscópicos se expande y se contrae. Esto genera lo que se conoce médicamente como barodontalgia: un dolor dental agudo provocado por la altitud. De ahí la importancia de hacer una revisión dental antes de viajar ya que con los dientes sanos este riesgo desaparece.
Tu protocolo de vuelo: checklist de supervivencia dental
Para que tu boca no sufra su particular «Jet Lag» al llegar a tu destino, sigue este estricto protocolo a bordo:
| Acción a bordo | Lo que solemos hacer (Error) | El protocolo correcto (Solución) |
| Hidratación | Pedir refrescos azucarados o alcohol (deshidratan más). | Beber un vaso de agua mineral cada hora para suplir la falta de saliva. |
| Higiene tras las bandejas | Enjuagarse rápido con agua en el asiento y poner la férula. | Acudir al lavabo con tu cepillo de viaje, hilo dental y usar agua embotellada para enjuagar el alineador. |
| El sueño | Dormir con la boca abierta debido a la reclinación del asiento. | Aplicar bálsamo labial antes de dormir e intentar respirar por la nariz para no secar las encías. |
| El equipaje | Facturar el estuche de las férulas por accidente en la bodega. | Llevar siempre el neceser dental básico en el equipaje de mano o mochila personal. |
Las vacaciones comienzan desde que pones un pie en el aeropuerto. Preparar tu neceser de cabina y realizarte una revisión de control en Madrid días antes de volar te garantizará que la única preocupación al aterrizar sea saber cómo llegar a tu hotel.
