‘La denuncia’, por Carmen Esteban Sanz

Artículo de opinión por Carmen Esteban Sanz, estudiante de derecho y ciencias políticas en la UC3M.

Quedan diez días para el 25-N, jornada dedicada a recordar la lucha contra la violencia de género, una lacra que se ha llevado más de mil vidas desde 2003 y que a día de hoy hay quién todavía pone en duda. Sin embargo, aún existe un cajón sin abrir dentro de este tipo de maltrato, la denuncia. Hemos asumido como ordinario que más del 60% de las asesinadas por esta causa no denunciase y que el 40% de las mujeres víctimas de alguna forma de violencia machista no busquen ayuda o inicien procesos contra el agresor. Sin comprender por completo esta tendencia, ¿cómo vamos a conseguir que ninguna mujer conciba como innecesario denunciar?

La denuncia supone un antes y un después

Decidir denunciar conlleva aceptar por completo que somos víctimas, a partir de aquí reconocemos que no somos dueñas de nuestro destino, algo más que doloroso. Aquello que solo tú sabías pasará a ser conocido por los demás, a verte juzgada en cada mirada y, lo peor de todo, a ser destinataria de la pena del resto. Todo lo que intentaste disimular, los golpes que maquillaste y los llantos que silenciaste saldrán a la luz y serán objeto de conversaciones vecinales. Mas nosotras no queremos la condescendencia de nadie, no nos gusta ser víctimas, no queremos protección, no obstante, esto no significa que no la necesitemos. No se me ocurre mayor prueba que rebata las teorías de los que se declaran abiertamente antifeministas, o mejor dicho, machistas, que afirman con toda tranquilidad moral que las mujeres gozamos de superioridad con la existencia de leyes que nos protejan. ¿Somos superiores porque nos matan?

Somos víctimas culpables. Otra de las razones por las que muchas mujeres no dan el paso es porque achacan a sus conductas cierta parte de culpa en lo sucedido. ¿Y si no me hubiera ido con mis amigas? Quizás si no me hubiera negado a mantener relaciones no se hubiera puesto así… Desde que nacemos se nos educa en complacer al hombre, en dudar de nuestro propio ser y en lanzarnos a los brazos de las relaciones tóxicas. El sentimiento de culpa sirve para garantizar que no nos salgamos de nuestros deberes o para que recordemos que no somos lo suficientemente buenas (Mafer Cardona)El cuestionamiento es solo una traba más al ejercicio de la libertad de las mujeres, a mayor duda menor posibilidad de exponer a los hombres. El sistema nos quiere calladas y sumisas.

Por último, la ineficacia de los mecanismos de prevención y actuación en casos de violencia contra la mujer. Si alrededor del 30% de las mujeres que han sido asesinadas a manos de sus parejas o exparejas denunciaron, ¿qué estamos haciendo mal para no haber evitado esas muertes? Es urgente reformar tanto el control como la educación en aras de frenar esta otra pandemia.

Denunciar no es algo aislado, no conseguiremos imponerlo como opción mayoritaria mientras no consigamos que las mujeres se vean respaldadas por las instituciones y hagamos pedagogía en torno a la necesidad del proceso. No vamos a juzgar a las que decidan no denunciar, queremos que ninguna se lo cuestione.

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