Carta sobre la precariedad cultural

Somos un grupo de auxiliares de sala de la Fundación Mapfre, pero no contratadas por ésta, sino por Prosegur. Pero tampoco, sino por una filial de éste, ESC Servicios Generales. Queremos poner en conocimiento de la opinión pública una situación precaria, fruto de la crisis, del interés de los empresarios y de su hambre voraz de beneficios, sin contar con el trabajador, gracias al cual el trabajo de las empresas es realizado y éstas siguen adelante. Queremos dar a conocer nuestra situación, lo necesitamos, esto es un problema generalizado en el mundo cultural.

Como todas las empresas de servicios generales, nuestro convenio es indignante y, en muchos puntos, ilegal. Un convenio que, claro está, no siempre se cumple. La lista de irregularidades es interminable: encadenamos contratos de obra y servicio y no nos hacen fijas discontinuas (cuando así lo estipula el convenio), no nos pagan finiquito al acabar el contrato, sino una nómina normal. Una nómina en la que las vacaciones nos las pagan a la mitad de lo que nos correspondería. Una nómina que todos los meses está mal y que tenemos que reclamar porque siempre nos quitan horas. Nuestro gestor nunca está disponible, de hecho, nuestro único medio de comunicación con él es WhatsApp. Él es la persona que tiene que solucionar estos problemas con las nóminas, pero lo que nos dice siempre es “eso se genera de manera automática”, “es un error informático”, “se me olvidó darle al botón” (¿hay un botón especial para pagar las nóminas correctamente?), “eso se reclama y ya está”, etc. Y así siempre.

El trabajo que hacemos no se corresponde en muchos casos con nuestro nivel, estamos contratadas como auxiliares generales, también vigilamos (y estamos en una empresa de vigilancia) pero sin tener su convenio, sino uno mucho peor y con menor salario. Tenemos que trasladarnos de un edificio a otro, con el riesgo de accidente en el trayecto, lo que según convenio no sería posible, pero se hace. Nos avisan sin la antelación estipulada de posibles eventos o visitas. En resumidas cuentas, el contrato está en fraude de ley.

No vamos a hablar de lo que cobramos porque, como en todas las empresas de servicios generales, el sueldo es irrisorio. 5 euros la hora, apenas cobramos 500 euros al mes. Si cobrando tan poco, encima nos quitan horas, ¿cómo podremos tener una vida digna? No será gracias a ellos, ya que desde luego no nos tratan dignamente.

En el convenio ni tan siquiera se refleja el derecho a huelga, un derecho fundamental que se recoge en el artículo 28 de la Constitución.

Las empresas de servicios generales y sus convenios son una lacra para la clase trabajadora, nos empobrecen, nos precarizan.  La cultura en este país se ha llevado a un punto crónico, de no retorno. En un país que presume de cultura, arte y museos es inconcebible que los verdaderos trabajadores del ámbito estén explotados de esta manera. Es una auténtica vergüenza la precariedad y el total desinterés por parte de las empresas, y no sólo, también es un problema de las propias entidades culturales, que externalizan todos los servicios con tal de pagar menos y despreocuparse de unos puestos de trabajo que no consideran suficientemente dignos como para tener en nómina.

Escribimos esta carta porque no podemos aguantar más la situación que vivimos cada mes, una situación insostenible marcada por la precariedad laboral y la caradura de muchos empresarios. No hemos salido de la crisis, han salido ellos. Y todo gracias a nuestro empobrecimiento.


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