Investigadores del Clínico San Carlos de Madrid estudian la depresión durante el embarazo y el parto





Durante muchos años los expertos han creído, de forma equivocada, que las hormonas del embarazo protegían a las mujeres de las depresiones. Se pensaba que era después de tener al bebé, una vez que los niveles hormonales descendían, cuando las mujeres estaban más expuestas a la depresión. Ahora, sin embargo, se cree que el rápido incremento de los niveles hormonales que se da al inicio del embarazo puede variar la química del cerebro y conducir a la depresión.

Un reciente estudio avalado por el Hospital Clínico San Carlos y la Universidad de Educación a Distancia UNED, en el que ha colaborado la doctora Huynh-Nhu Le de la Universidad George Washington, realizado con 751 pacientes, ha demostrado que entorno al 10% mujeres sufren mayor número de episodios depresivos durante el embarazo. 

El proyecto en el que han colaborado obstetras, psicólogos clínicos, enfermeras, matrona y expertos de la Unidad de Innovación del San Carlos, se ejecutó  en tres áreas, incluyendo la validación de diferentes instrumentos de evaluación, cribado de las pacientes e intervención cognitivo- conductual.




Factores de riesgos
Muy a menudo, la depresión y la ansiedad no se diagnostican porque muchas mujeres no les dan importancia a sus emociones, pues piensan que se deben a los cambios de ánimo  temporales que acompañan el embarazo. “Sabemos por estudios anteriores,  que el estigma asociado con la depresión y otras barreras en la búsqueda de tratamiento hace que alrededor del 65% de las mujeres que sufren depresión durante el embarazo no sean diagnosticadas”, afirma la doctora Nuria Izquierdo Méndez miembro del equipo investigador.

Existe una extensa lista de factores de riesgo, tanto para la depresión prenatal como para la depresión postnatal, así como una extensa lista de variables asociadas significativamente con síntomas depresivos perinatales. Estos abarcan una amplia gama de factores sociodemográficos, factores psicopatológicos, biológicos, médicos y personales, como “percepción de apoyo social ineficaz o insuficiente, una mala relación de pareja, un incremento de eventos vitales estresantes y complicaciones obstétricas durante el embarazo y el parto”, señalan las doctoras Mª Eugenia Olivares, psicóloga Clínica también del Clínico San Carlos y Mª de la Fe Rodríguez-Muñoz de la UNED.

Importantes consecuencias para madre e hijo

Estos expertos, señalan también que este trastorno pueden tener implicaciones negativas en el desarrollo de los recién nacidos, así como en la futura relación entre madre e hijo. Por ejemplo, las madres deprimidas informan niveles bajos de autoeficacia sobre su capacidad y rendimiento como madres, en relación a las que no están deprimidas.

Las mujeres deprimidas tienden a ser menos positivas y a interactuar menos con sus bebés. Así mismo, los bebés terminan siendo menos reactivos, evitan la mirada y presentan un menor número de destrezas durante el tiempo que están interactuando con sus madres. También se ha identificado que los hijos de madres deprimidas tienen un peor rendimiento durante su escolarización e incluso dificultades en el área social a largo plazo, pudiendo continuar estos problemas, aunque la madre mejore.

Como se puede deducir de todo lo anteriormente comentado, “este es un problema importante para la salud de las gestantes, aunque parece no recibir el adecuado tratamiento en nuestro profesionales”, indica el doctor Miguel Ángel Herraiz, jefe del Servicio de Ginecología Y Obstetricia.

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