La pereza de las pelirrojas

por Aida dos Santos, politóloga por la Universidad Complutense de Madrid.

En verano dan pereza muchas cosas, los artículos académicos con imperativos a tomar las armas para cambiar el mundo aún más. Imaginaos documentarse para un artículo huesudo. Aún así, algunas no nos rendimos. Reírnos es algo imprescindible, en época estival se discute más, los contratos de temporada arruinan las vacaciones y quiénes las tienen se divorcian, los padres y madres se agobian por la compra de corticoles y los niños y niñas se deprimen con el fin de los amores de verano.



Digamos que nos ponemos a ver películas, de las que echan en la TDT porque en el pueblo el Plus es un privilegio de los bares y lo más parecido al cine es el vídeo de la boda de tus padres.

Imagínate que por un azar de destino, estás viendo la tele con las gafas puestas, las gafas moradas, ves una película totalmente diferente a la que vistes cuando la estrenaron por primera vez en la ciudad y fuiste a verla con cubo de palomitas de kilo en la última fila del cine.

No te puedes creer el papel de simplona que hace la novia del superhéroe. Después de esa película empieza otra, aún no te has recuperado del susto y aparece una animadora que es el llavero del Quarterback. Y por la noche, una de espías ¡vaya por fin una mujer que sabe construir oraciones subordinadas y tiene una carrera propia! Pero aún así aparece con menos ropa que su compañero y cae rendida ante sus pies.



Te dejas las gafas puestas, aunque aprietan y cómo sabes que existen feminismos y no el feminismo, que existen las mujeres y no la mujer, te fijas en la diversidad de papeles de las actrices, y te surge una pregunta: ¿por qué la novia del superhéroe es pelirroja? Subes al tejado a buscar el 3G necesario para comunicarte con los dioses.

Como no has visto muchas películas de superhéroes, o mejor dicho, porque mientras la echaban intentabas dormir, pasar el siguiente nivel de Candy Crush o cualquier tarea de mayor relevancia, vas a Google y se lo preguntas. Google es la mejor representación de la basura que somos como sociedad, y eso con tus gafas moradas ya lo sabes en lo alto de la construcción del siglo XIX.

Buscas “novias de superhéroes”, y te aparecen mujeres pelirrojas, por supuesto, medio desnudas. Le haces la misma pregunta al oráculo, y te responde que las animadoras son rubias. Y por supuesto, las espías morenas. En Hollywood lo tienen claro. La afroamericana, la negra a secas, la latina y la asiática son la cuota meditada de diversidad, su aparición en pantalla no es fruto de la valentía de los guionistas por reflejar quiénes somos, es mera maquinaria capitalista.



Si buscas súper heroína, animadoras, o mujeres espías, por alguna razón Google cree que deseas ver primero las que menos ropa llevan. Todas las profesiones en su versión femenina tiene menos ropa que la versión masculina, podría ser efecto de la feminidad de la pobreza y la desigualdad salarial que no nos permite comprarnos ropa de tamaño normal. Si no fuese porque esa tela siempre falta en los espacios más sexualizados de nuestros ya sexualizados de por si cuerpos. Pasa lo mismo con la búsqueda de gays/lesbianas, todo aquello que en el imaginario del hombre heterosexual (blanco, rico, etc.) sea factible para una masturbación satisfactoria ya existe, tiene poca ropa y Google lo sabe.

Ser mujer se entiende para muchos en estos conceptos de disfraz y desnudez como una perfomance, son actrices, son modelos, no son mujeres de verdad, o en último término, ser mujer es una construcción social para las feministas de la teoría Queer.



La mayoría de nosotras, me atrevería a decir, no elegimos ser mujeres, no elegimos ese cromosoma ni esos órganos, puede que ni siquiera eligiesemos nosotras los pendientes, los vestidos rosas, ni tan siquiera unas gafas moradas como complemento de moda, pero hemos elegido el feminismo como estilo de vida, como forma de estar y ser en un mundo patriarcal y cruel (violento, asesino y opresor) contra nuestro género, sexo o determinante y variable que quieran definir.

Al igual que no hemos elegido ser clase obrera, no hemos elegido la renta de nuestros padres, nuestro barrio ni colegio, pero si hemos elegido tener conciencia de clase y actuar en consecuencia.

Pero es verano, no terminaré con un imperativo que os anime a tomar las armas, simplemente ¿por qué es pelirroja?.

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