A las 18:03 del pasado 24 de junio, Eduardo Gil estaba disfrutando de los primeros minutos del Marruecos-Haití cuando la casa empezó a temblar. Como si un convoy del metro estuviera circulando a toda velocidad bajo su cuerpo o alguien estuviera desplazando a empellones el sillón sobre el que estaba sentado. “Te quedas unos segundos en shock, la cabeza de las personas que no vivimos en países con actividad sísmica no está acostumbrada a algo así”, confiesa este profesor de Derecho Administrativo de la Universidad de Alcalá.
Tras el shock, una brizna de lucidez: un terremoto. Y con la lucidez, la angustia, la búsqueda de una vía de escape y una carrera escaleras abajo. Unos segundos después, otro terremoto. Cuando llegó a la calle, Caracas ya no era la misma ciudad a la que había llegado días antes junto a su esposa venezolana, poco menos que de luna de miel. Polvo, conmoción, llanto, edificios derrumbados, un caos de doble 7 en la escala Richter y miles de heridos, muertos y desaparecidos. “Es una tragedia social, ambiental y humana. Y como experiencia es una locura”, explica.
Él había trabajado durante cuatro años como técnico de Cooperación en un ayuntamiento y su primer impulso fue el de ponerse a ayudar. Primero, colaborando en el rescate de las personas atrapadas entre los escombros. Después, acudiendo a los espacios públicos en los que se ubicaron las tiendas de campaña para las personas se habían quedado sin hogar. “Les llevaba lo que podía para hacerles la vida más llevadera, como una cacerola, una silla, o cuadernos que los niños pudieran colorear y escapar un poco del horror”, recuerda.
OBJETIVO: RECAUDAR 50.000 EUROS PARA VENEZUELA
Como Eduardo, las universidades públicas de la Comunidad de Madrid han decidido poner su granito de arena para ayudar a las víctimas del seísmo y han querido poner el foco en los niños. Así, la Conferencia de Rectores de las Universidades Públicas de Madrid y Unicef se han unido en la campaña Un reto urgente por Venezuela, un proyecto de educación para atender a los afectados más jóvenes, que corren el riesgo de sufrir una separación familiar, la interrupción de su educación, la pérdida de acceso a servicios sanitarios, la exposición a peligros físicos y los problemas de salud mental derivados del trauma.
No en vano, al menos 38 hospitales y 432 centros educativos resultaron afectados, mientras más de 2.500 infraestructuras presentan distintos niveles de daño, por lo que se está produciendo un colapso de los servicios públicos.
Por ello, CRUMA y Unicef se han fijado dos objetivos. El primero, sensibilizar y concienciar a la comunidad universitaria sobre la importancia del compromiso social como parte de su formación. El segundo, recaudar 50.000 euros a través de donaciones con las que se pretenden contribuir con el restablecimiento de cierta normalidad en Caracas en los siguientes aspectos:
- Proporcionar atención sanitaria y nutricional.
- Colaborar en el restablecimiento del acceso a agua segura y saneamiento
- Facilitar la protección infantil y la reunificación familiar
- Proporcionar apoyo psicosocial para niños, niñas y cuidadores en medio de una experiencia tan traumática.
- Habilitar espacios temporales de aprendizaje
- Colaborar con la recuperación progresiva de los servicios para la infancia.
“Lo que se está viviendo allí es un auténtico desastre”, explica Enzo Cerbino, que se graduó en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Alcalá hace justo dos años. “Casi no hay ayuda del Gobierno para rescatar cadáveres y se están cobrando 12.000 euros para alquilar cuatro horas una máquina para retirar escombros”, se lamenta.
Enzo trabaja actualmente como operador de cámara en Mediaset, pero su familia es de La Guaira y sigue buscando los restos de su tía más de 20 días después del terremoto. “Al principio, los detectores de calor señalaban que quedaba vida bajo los escombros, pero ya no, así que hemos perdido toda esperanza de rescatarla viva”, admite.
SEPULTADA EN UNA TORRE DE 15 PLANTAS
Aquel 24 de junio, su tía, de 56 años, declinó acompañar a su marido a una fiesta popular de la zona. Apenas habían pasado unos segundos desde que él salió por la puerta cuando empezaron los temblores. A él le pilló en el aparcamiento del edificio y pudo salvarse. Ella probablemente no. Vivían en la primera planta de un edificio de 15 cuya parte superior se tronchó “como una torre de Jenga”. La inferior colapsó por el impacto.
Enzo sigue en contacto permanente con su familia a la espera de que aparezcan los restos de su tía entre los escombros. Eduardo, recién llegado de Caracas, planifica ya volver en agosto para seguir ayudando en lo que pueda. Pero desde Madrid y Guadalajara también se puede arrimar el hombro de muchas maneras.
La Fundación General de la UAH, por ejemplo, ha coordinado la acogida a los más de 30 miembros del equipo venezolano de fútbol que vino a Alcalá de Henares para participar en la Madcup 2026, el torneo de fútbol para categorías inferiores en cuya organización participa la Universidad de Alcalá. Acabó justo el día del terremoto y los técnicos, jugadores y familiares de la delegación venezolana tuvieron que aplazar sus planes de regreso tras cancelarse el vuelo de vuelta. Durante días, todos ellos fueron acogidos en la Residencia Universitaria CRUSA.
Para el resto de la comunidad universitaria, la recogida de fondos promovida por la CRUMA y Unicef ofrece una forma sencilla, pero muy valiosa, de ayudar a las víctimas del doble terremoto. Si quieres hacer tu aportación, puedes hacerlo desde aquí.
Foto: UAH.
