Reconozcamos algo: a todos nos gusta el olor de un coche nuevo, y disfrutamos muchísimo viendo el brillo de la carrocería impecable, pues nos hacen sentir que hemos hecho una excelente inversión. Sin embargo, unos años después, un buen día descubres que ese mismo coche presenta fallos electrónicos inexplicables, y que las piezas de plástico se están rompiendo casi que con solo mirarlas o, lo que es peor, en la última visita al taller el mecánico te soltó sin cortapisas la típica frase de: “Te sale mejor comprarte uno nuevo».
Y tú te preguntas: “¿Pero por qué? Si lo cuido más que a mi vida”. Pues bienvenido al mundo de la obsolescencia programada, donde los coches están montados para que repararlos sea tan caro o complicado que tú te veas empujado a visitar de nuevo el concesionario. Ya que los fabricantes planifican el fin de la vida útil de los vehículos tras un periodo de tiempo calculado.
La obsolescencia en los coches: ¿De qué se trata exactamente?
Comencemos por aclarar que esta se manifiesta de varias formas, principalmente en los coches modernos. En primer lugar, está la obsolescencia técnica o electrónica, referida a cuando los componentes electrónicos complejos comienzan a fallar, resultan muy costosos o imposibles de reparar, obligando al propietario a cambiar módulos enteros.
Luego está la obsolescencia de software, que tiene que ver con la rápida evolución de los sistemas de infoentretenimiento y conectividad, que hace que los vehículos queden desfasados funcionalmente frente a nuevos modelos.
La tercera en la obsolescencia funcional o de diseño. Ocurre cuando los motores de combustión son diseñados con mayor desgaste progresivo y compartimentos de motor reducidos a fin de dificultar la reparación. Y, por último, está la obsolescencia de los materiales, relacionada con el uso de chasis y piezas con menor durabilidad, como el empleo de materiales más finos en la carrocería para facilitar la aparición de óxido y limitar la vida útil de las mismas.
Todas estas prácticas convierten a los vehículos modernos en productos que, a diferencia de los de antaño, están diseñados para ser desechables luego de un tiempo determinado, dando así prioridad a las demandas de consumo por sobre la durabilidad mecánica. La buena noticia es que tenemos un arma para luchar contra esto y son las piezas de segunda mano que encontramos en los desguaces, también conocidos como Centros Autorizados de Tratamiento (CAT).
¿Por qué se dice que los desguaces actúan como la resistencia ante esta tendencia?
Sencillo. Porque permiten que piezas que el fabricante ha dejado de producir, o que se venden en los concesionarios a precio de oro, vuelvan a circular a un coste razonable, gracias a la recuperación de los componentes automotrices que realizan. Así un coche que el mercado considera «viejo» puede seguir siendo perfectamente funcional y seguro por una fracción del precio de un coche nuevo.
El caso de las marcas premium es el ejemplo perfecto de la lucha contra la obsolescencia que protagonizan los desguaces. Porque cuando tú te compras un coche de alta gama, lo mínimo que esperas es que te dure décadas. Pero, la verdad es que, en algún momento va a fallar la centralita o el sistema de suspensión neumática. Y cuando vayas a preguntar cuánto cuesta el repuesto original, te vas a conseguir con la desagradable sorpresa de que el presupuesto oficial puede llegar a superar los 3.000 o 4.000 euros, obligándote prácticamente a deshacerte de tu coche.
Pero si vas a un desguace especializado en Mercedes, suponiendo que tu coche sea de esa marca, verás que estos centros no solo acumulan piezas originales de tu modelo, sino que conocen muy bien la mecánica específica de la marca. Con lo cual podrás encontrar módulos electrónicos, cajas de cambio o componentes de lujo que han sido verificados y que permiten que un Clase E o un Clase S, por ejemplo, siga rodando con la misma dignidad que el primer día.
En resumidas cuentas, es una forma de decirle «no» a la jubilación anticipada de un vehículo que todavía tiene mucho que ofrecer.
El caso de los motores
Lo mismo ocurre si nos movemos al segmento de los coches utilitarios, los sedanes, los SUV y los todoterrenos. Esos que usamos para ir al trabajo o para llevar a los niños al cole. A estos la obsolescencia les suele golpear en forma de una avería mecánica grave, como una rotura de culata o de la correa de distribución.
En estos casos, toca cambiar el motor o hacer una reconstrucción total del mismo, lo que tiene un coste elevadísimo. Afortunadamente, en España, existe un mercado de motores usados muy dinámico, sobre todo si se trata de motores de segunda mano Opel. Pues en los desguaces se pueden conseguir piezas con poco kilometraje provenientes de coches que han sufrido un fuerte accidente, pero cuyo motor sigue en perfecto funcionamiento.
Por lo general, estos han sido enviados al CAT porque las aseguradoras los declaran como “siniestro total” debido a que la reparación de la carrocería es más costosa que el valor del vehículo, lo que te permite evitar la compra forzosa de un coche nuevo y el endeudamiento que ello conlleva.
De cementerios de coches a almacenes tecnológicos
Ahora bien, para nadie es un secreto que, aún hoy en día, mucha gente piensa que comprar una pieza usada en un desguace es un riesgo. Pero nada más lejos de la realidad. Los CAT actuales son centros de alta tecnología donde la trazabilidad es la norma.
Allí cada uno de los recambios que salen a la venta son sometidos previamente a pruebas a fin de verificar su funcionalidad y seguridad, por lo que es posible encontrar desde ese motor que estás buscando, hasta un sensor, un espejo retrovisor o una bomba de inyección y saber exactamente de qué año es el coche del que proviene y cuántos kilómetros ha recorrido. Esta transparencia es lo que ha matado el miedo al recambio usado.
¿Cómo ganarle la batalla a la obsolescencia?
Si quieres que tu coche dure más que lo que el fabricante «planeó», sigue estos consejos de los expertos:
- No te rindas al primer presupuesto: si el taller oficial te da una cifra que parece una hipoteca, pide el código de la pieza y búscala en un desguace certificado.
- Busca especialistas: si tu coche es de una marca de lujo, como el caso mencionado de Mercedes, ve directo a un desguace especializado en dicha marca. Ellos sabrán exactamente qué pieza es compatible con tu número de bastidor.
- Mantenimiento preventivo: usa el ahorro que consigues en piezas de desguace para cambiar el aceite y los filtros más a menudo. Recuerda que un coche bien mantenido con piezas recuperadas es mucho más fiable que uno nuevo descuidado.
Ahora ya sabes que la obsolescencia programada es una realidad, pero no necesariamente una sentencia de muerte para tu coche, gracias a los desguaces. Allí tu coche puede encontrar una segunda oportunidad y tu bolsillo un buen respiro.

