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Madrid declara Bien de Interés Cultural el cuadro ‘La Providencia’ presidiendo las virtudes y las facultades del hombre

Gacetín Madrid

El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid ha declarado esta semana Bien de Interés Cultural (BIC) el cuadro La Providencia presidiendo las virtudes y las facultades del hombre, atribuida a Francisco Bayeu y Subías. La obra del siglo XVIII merece el máximo grado de protección por su valor histórico y artístico.

Se trata de un boceto de pintura al óleo en el que destaca la capacidad creativa del autor que se refleja en el ritmo visual cromático, en la destreza del dibujo y la precisión de la pincelada. Es parte integrante del conjunto de trabajos realizados, hasta llegar a la consecución del fresco definitivo, que decora la bóveda de una de las estancias del cuarto del infante Luis de Borbón en el Palacio Real.

La obra explica el proceso creativo del autor, que, antes de llevar a cabo los trabajos en la bóveda, realizaba dibujos y esquemas, después elaboraba bocetos previos como el que se protege, y finalizaba con la ejecución de la pintura al fresco de la bóveda.

Francisco Bayeu y Subías  (Zaragoza,1734-Madrid,1795) es una de las figuras más destacadas y uno de los mejores dibujantes del siglo XVIII, que contribuyó con su obra al enriquecimiento y evolución del arte en España. Su calidad pictórica destaca especialmente en los bocetos. En su formación artística fue importante la influencia de Antonio González Velázquez, que acudió a Zaragoza en 1752, procedente de Italia, para decorar la cúpula de la capilla de la Virgen en el Templo de Nuestra Señora del Pilar.

En 1763, viaja a Madrid a instancias de Anton Raphael Mengs –pintor del rey Carlos III–, quien solicita su colaboración para la decoración del Palacio Real. Gracias a este trabajo, Bayeu llevó a cabo tareas pictóricas en otros Reales Sitios, entre ellos el Palacio de Aranjuez y el Palacio del Pardo. En 1767, como pintor de cámara, inicia su vinculación con la monarquía española, durante los reinados de Carlos III y Carlos IV.

La Providencia presidiendo las virtudes y las facultades del hombre representa una escena que tiene lugar ante un luminoso cielo azul, rodeado de un gran desarrollo de nubes en las que se ubican las distintas figuras. El espacio principal lo ocupa la Providencia, bajo un foco de mayor luminosidad, en la parte más elevada y central, representada por una figura de mujer sentada en un trono de nubes, simbolizando la sabiduría.

En un plano inferior aparecen representadas tres figuras la Fuerza, personificada como una mujer con dos astas de ternero en la cabeza, sentada sobre un elefante; la Virtud Heroica como Hércules desnudo, con corona de laurel, lanza o porra y piel de león y el Ánimo Valiente que aparece como hombre desnudo, que se cubre en parte por un manto rojo, mientras acaricia a un león. Y por encima de todas estas figuras están representadas las Virtudes Cardinales –Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza–.

Las figuras femeninas mantienen una semejanza entre ellas, caracterizadas por un rostro joven, con la cabeza levemente girada, en forma de óvalo, de tez clara y sonrosada, con el pelo recogido y llevando una corona, flores o toca y en variadas actitudes. En torno a ellas sobrevuelan niños y angelotes en distintas posturas y en forzados escorzos.

Se trata de un boceto de pintura al óleo en el que destaca la capacidad creativa del autor que se refleja en el ritmo visual cromático, en la destreza del dibujo y la precisión de la pincelada. Es parte integrante del conjunto de trabajos realizados, hasta llegar a la consecución del fresco definitivo, que decora la bóveda de una de las estancias del cuarto del infante Luis de Borbón en el Palacio Real.

La obra explica el proceso creativo del autor, que, antes de llevar a cabo los trabajos en la bóveda, realizaba dibujos y esquemas, después elaboraba bocetos previos como el que se protege, y finalizaba con la ejecución de la pintura al fresco de la bóveda.

Francisco Bayeu y Subías  (Zaragoza,1734-Madrid,1795) es una de las figuras más destacadas y uno de los mejores dibujantes del siglo XVIII, que contribuyó con su obra al enriquecimiento y evolución del arte en España. Su calidad pictórica destaca especialmente en los bocetos. En su formación artística fue importante la influencia de Antonio González Velázquez, que acudió a Zaragoza en 1752, procedente de Italia, para decorar la cúpula de la capilla de la Virgen en el Templo de Nuestra Señora del Pilar.

En 1763, viaja a Madrid a instancias de Anton Raphael Mengs –pintor del rey Carlos III–, quien solicita su colaboración para la decoración del Palacio Real. Gracias a este trabajo, Bayeu llevó a cabo tareas pictóricas en otros Reales Sitios, entre ellos el Palacio de Aranjuez y el Palacio del Pardo. En 1767, como pintor de cámara, inicia su vinculación con la monarquía española, durante los reinados de Carlos III y Carlos IV.

La Providencia presidiendo las virtudes y las facultades del hombre representa una escena que tiene lugar ante un luminoso cielo azul, rodeado de un gran desarrollo de nubes en las que se ubican las distintas figuras. El espacio principal lo ocupa la Providencia, bajo un foco de mayor luminosidad, en la parte más elevada y central, representada por una figura de mujer sentada en un trono de nubes, simbolizando la sabiduría.

En un plano inferior aparecen representadas tres figuras la Fuerza, personificada como una mujer con dos astas de ternero en la cabeza, sentada sobre un elefante; la Virtud Heroica como Hércules desnudo, con corona de laurel, lanza o porra y piel de león y el Ánimo Valiente que aparece como hombre desnudo, que se cubre en parte por un manto rojo, mientras acaricia a un león. Y por encima de todas estas figuras están representadas las Virtudes Cardinales –Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza–.

Las figuras femeninas mantienen una semejanza entre ellas, caracterizadas por un rostro joven, con la cabeza levemente girada, en forma de óvalo, de tez clara y sonrosada, con el pelo recogido y llevando una corona, flores o toca y en variadas actitudes. En torno a ellas sobrevuelan niños y angelotes en distintas posturas y en forzados escorzos.

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