Los Bomberos de Madrid descienden el cuadro de La Paloma en su día grande

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, han presidido este domingo, 15 de agosto, los actos conmemorativos de la festividad de la Virgen de La Paloma, patrona de los bomberos y considerada la patrona popular de la villa.

Por segundo año consecutivo, y debido a las medidas de seguridad y sanitarias, el lienzo no ha podido salir en procesión por las calles de Centro como es tradición. Lo que sí se ha mantenido ha sido la bajada del cuadro: los miembros del piquete de gala del Cuerpo de Bomberos, que pertenecen a la Hermandad de la Virgen de La Paloma, han acometido este tradicional descenso, encabezados por el sargento Jesús Rodríguez, quien se ha subido a la escalera.

El cuadro ha quedado expuesto en el atrio del templo para su veneración por parte de los fieles hasta las 18:30 horas. Los cultos concluirán con el rezo del rosario, a las 19:00 horas, y el canto de la salve. Previamente, en un acto celebrado en el patio de Cristales de la Plaza de la Villa, el alcalde ha hecho entrega de las tradicionales ‘Palomas de Bronce-Bomberos de Madrid’, que este año han recaído en José Ignacio de Loyola Ortiz, miembro de la Hermandad desde hace más de 30 años; María Teresa Gutiérrez, madrina de la Hermandad desde hace 25; y Rafael Ferrándiz, jefe de Bomberos de Madrid.

Patrona de los Bomberos

La Virgen de la Paloma es la patrona de los Bomberos. Cuenta la leyenda que, ante un incendio ocurrido en la plaza Mayor y que no podía sofocarse, los madrileños trajeron a todas las vírgenes pero que hasta que no acudieron con el cuadro de la Paloma el incendio no se apagó. Desde entonces se celebra este acto-homenaje sentido y simbólico por parte del Cuerpo de Bomberos. Cada año un bombero es elegido para bajar el cuadro y esto se considera un gran honor.

El cuadro de Isabel Tintero

Que el centro de todos los actos de la Virgen de Agosto en Madrid sea un pequeño lienzo del Siglo XVIII abocado, en un principio, al mayor de los anonimatos pero que enseguida se convirtió en una de las imágenes más veneradas y queridas de Madrid, se debe a que, según cuenta la tradición, allá por 1787 la pintura, que realmente representa a la Virgen de la Soledad, se encontraba abandonada en un corral donde se almacenaba leña para aminorar los efectos del frío invierno madrileño. Un hombre, al percatarse de la presencia del lienzo y de su mal estado, optó por regalárselo a unos niños.

La pintura hubiese quedado en un juego de chicos de no ser por la intervención de Andrea Isabel Tintero, enterrada hoy en esta iglesia debajo del cuadro, que decidió comprarlo, restaurarlo, enmarcarlo y colocarlo a la entrada de su casa, ubicada en la Calle de la Paloma. Muy pronto se le comienzan a atribuir cualidades milagrosas a la imagen; su fama y devoción va creciendo de manera incontrolable por el vecindario.

Tal es así que en 1795 se levanta una capilla para custodiarla. Ya para entonces eran muchas las madres que se acercaban con sus bebés en busca de protección divina para sus recién nacidos. Una tradición que se sigue realizando en la actualidad y que incluso fue adoptada por la realeza.

Finalmente, en el Siglo XIX, se opta por construir la iglesia que hoy en día sigue guardando aquel cuadro que unos niños, inocentemente, rescataron del olvido. Su nombre oficial es el de Parroquia de San Pedro el Real aunque todo el mundo la conoce popularmente como la Iglesia de la Paloma.

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