Así se hace el potaje de vigilia típico de Semana Santa

Porque hay vida más allá de la torrija, en esta ocasión os contamos uno de los platos más típicos de la cocina de Semana Santa. Durante la cuaresma, una de las tradiciones que han llegado hasta nuestro días, aunque no la única, es la de no comer carne para ‘reforzar la fe’, por ello junto a los dulces populares de la época, os invitamos a degustar otro plato que a buen seguro os encantará.

Como consecuencia de la prohibición religiosa de comer carne el viernes de Cuaresma, el pescado se convierte en el ingrediente estrella de muchos platos durante estas fechas, y más concretamente el bacalao.

El potaje de vigilia, también llamado ‘potaje de bacalao’ es uno de los platos que no te puedes perder. Una de las cazuelas más apreciadas en estas fechas, preparada con bacalao en salazón, garbanzos y espinacas.

Ingredientes

Para el guiso (10 personas)

– 1 kilo de bacalao salado (si son migas lo desalamos durante 12 horas; si es lomo alto, necesitamos 36 horas cambiando el agua cada 12)

– 1 kilo de garbanzos

– Cabezas de pescado bien limpias para el caldo

– 300 gramos de espinacas frescas

– Ocho huevos duros (cortados en trocitos muy pequeñitos)

– Una cabeza de ajo

– Un pimiento rojo

– Una cebolla

– Dos tomates

– Pimentón

– Vino tinto

Para las pellas (dos por persona):

– 500 gramos de bacalao en migas

– Dos dientes de ajo

– Perejil

– Cinco rebanadas de pan

– Pan rallado

– Leche (para mojar el pan)

Preparación

Lo primero que hay que hacer es un buen fondo con los pescados habituales, en el que, además, podemos incluir algo de ‘despojo’ de bacalao fresco (cola, pieles, cogote, espinas…) para potenciar el sabor. Mientras cuece añadimos los garbanzos, que han de estar a remojo desde el día anterior (en agua templada, unas 12 horas), y las verduras (ajo, tomate, cebolla y pimiento). En el momento en que estas estén listas hay que sacarlas, hacer un puré con ellas y reservar.

Cuando los garbanzos estén casi en su punto, añadimos las migas de bacalao. Y, al par de minutos, las espinacas, que se hacen en un momento -es importarte que se cocinen bien para que no fermenten- y los huevos duros cortados. Aunque también se pueden pasar los huevos duros por el pasapuré para que quede una pasta, que hará que el potaje ligue bien y coja cuerpo. Añadimos también el puré que hemos hecho con las verduras.

Lo último que incorporamos son las pellas, que, básicamente, son albóndigas de bacalao, que se hacen igual que las de carne, mezclando todos los ingredientes (bacalao, ajo y perejil) y mojando el pan en la leche. Se empapan bien, se hacen las bolitas, se empanan y fríen para introducir en el guiso casi cuando ya está todo listo. Atención: echamos solo las que vayamos a comer, porque si no absorben mucho caldo. Al final, añadimos un sofrito de ajitos con pimentón, que hay que apagar en la sartén con un chorreón de vino tinto. Lo incorporamos y con él damos el ultimo hervor, removemos y… ¡ya tenemos el potaje!

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