Médicos de familia se forman en gota e hiperuricemia en el Hospital Infanta Leonor de Vallecas

El Hospital Universitario Infanta Leonor acogió una Jornada de Actualización en Gota e Hiperuricemia dirigida a médicos de Familia, con el fin de profundizar en el conocimiento de estas dos patologías que a menudo van de la mano, consensuar su derivación al reumatólogo cuando proceda y, con ello, mejorar la atención a los pacientes afectados.

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Su prevalencia en España, el diagnóstico diferencial con la artritis psoriásica, su afectación no sólo articular sino sistémica, así como las secuelas y consecuencias sociolaborales que sufren los pacientes son algunos de los aspectos en los que pudieron formarse los asistentes, que tuvieron a su disposición un microscopio y un ecógrafo, dos técnicas fundamentales para el análisis y confirmación de estas enfermedades.

La actividad, celebrada el 6 de febrero, fue organizada por Enrique Calvo y Teresa Navío, adjunto y jefa del Servicio de Reumatología, respectivamente, del Hospital Universitario Infanta Leonor junto a Juan Carlos Hermosa, miembro del Grupo de Trabajo de Enfermedades Reuma-tológicas de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SemFYC), con el apoyo y aval de la Sociedad Madrileña de Medicina Familiar y Comunitaria (SOMAMFYC) y la Sociedad de Reumatología de la Comunidad de Madrid (SORCOM).

La gota, una enfermedad muy prevalente

La prevalencia de gota en España se sitúa en el 2,4% de la población, según el estudio reuma-tológico nacional EPISER2016. Afecta con mucha más frecuencia a hombres que a mujeres y tiene una relación creciente con la edad, siendo típica en la edad media de la vida y más preva-lente por encima de los 60 años de edad.

No todos los pacientes con hiperuricemia (niveles elevados de ácido úrico en sangre) desarro-llan gota. Sin embargo, la hiperuricemia prolongada en el tiempo es condición necesaria para el desarrollo de gota, aunque no suficiente pues también influyen factores renales, daño articular previo por artrosis, traumatismos o cirugías en algunos pacientes, genética, alimentación, estilo de vida, fármacos, sistema inmunitario, etc.

No obstante, en algunos casos su diagnóstico puede ser complicado: a veces, los niveles de ácido úrico no son exageradamente elevados, incluso durante el propio ataque de gota, lo que retrasa su identificación y tratamiento.

La gota no sólo es una enfermedad articular, sino sistémica, con importantes repercusiones car-diovasculares y renales (uno de cada 4 tiene o tendrá enfermedad renal crónica y hasta uno de cada tres cálculos de urato), entre otras. Con todo, la gota tiene tratamiento, no sólo para dismi-nuir o eliminar los ataques de dolor e inflamación articular, sino para disolver los cristales de urato que la caracterizan y así terminar curando la enfermedad.

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