La moción de la dignidad y la esperanza

por Pedro Molina Alcántara.

Escribo este artículo para alentar a quien pueda leer e interesarse por estas palabras a adoptar una posición que denomino de «ofensiva cívica», de rebelión pacífica frente a un gobierno que no merece seguir rigiendo el destino político de este gran país que es España por corrupto y autoritario. Tras conocerse la semana pasada la sentencia de la primera época del conocido como “caso Gürtel”, en donde se afirma, en resumidas cuentas, lo que ya se sabía: que el Partido Popular tejió un entramado de financiación ilegal de la organización mediante la existencia de una doble contabilidad opaca (la llamada “caja B”). Dicho dinero se destinaba a financiar campañas electorales y a pagar sobresueldos a los altos dirigentes del partido. El Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tuvo que declarar en sede judicial como testigo y, para vergüenza no solo de él, de su partido y de sus votantes, sino también de todo el pueblo español; la sentencia resta credibilidad a su testimonio. En otras palabras: que el Poder Judicial español no se fía del Jefe del Gobierno.

Así las cosas y ante la negativa del señor Rajoy a dimitir ipso facto, la única salida respetuosa con la Nación a esta situación pasa por la moción de censura, un mecanismo previsto en nuestra Constitución pero no solo es eso, sino que también es una solución para afrontar las múltiples crisis que vive este país y rearmar moralmente al país. Yo me voy a mojar, claro que sí, y manifiesto mi apoyo a la moción presentada por el Grupo Parlamentario Socialista del Congreso, moción que en caso de prosperar investiría a Pedro Sánchez como nuevo Presidente del Gobierno de España. A continuación, paso a desgranar mis razones:

  • Porque el Partido Popular merece pasar a la oposición para regenerarse como partido político, toda vez que ya está plenamente desacreditado ante la ciudadanía española.
  • Porque un presidente entiendo que es investido de la confianza del Congreso de los Diputados para poner en marcha un programa político, no para que se limite meramente a convocar elecciones anticipadas y administrar el día a día de la “cosa pública” mientras tanto. Eso de la llamada “moción técnica o instrumental” considero que choca con el sentido que nuestra Carta Magna atribuye a la figura de la moción de censura, que no es cosa distinta de un carácter constructivo, es decir, construir una mayoría alternativa al statu quo para gobernar de otra manera. La Constitución solo atribuye a la Presidencia del Gobierno la prerrogativa de disolver las Cortes Generales: me chirría eso de que el Congreso de los Diputados invista a un Presidente solo y exclusivamente para dar por finalizada la legislatura renegando así de cumplir con sus funciones, me parece una suerte de pirueta para autodisolverse que no está prevista en la Constitución. Si cuando se aborde la reforma de la Constitución, algún día, espero que no muy lejano, se plantea trasladar la carga de la disolución de las cámaras del ejecutivo al legislativo, eso se puede debatir en ese momento.
  • Porque España se merece que el Gobierno salido de esa moción de censura (recordemos que el sistema político español es el parlamentarismo y no el presidencialismo, lo cual implica que la ciudadanía vota a sus legisladores y son ellos quienes eligen al Presidente) adopte con urgencia una agenda de rescate social, institucional y económico. España necesita un reparto más equitativo y justo de beneficios y cargas, lo cual podría artícularse a través de los Presupuestos Generales del Estado para 2019. Una vez aprobados los próximos presupuestos sería, a mi juicio, el momento idóneo para convocar nuevas elecciones. No hay que correr para hacer las cosas bien, y mucho me temo que algunas personas que ahora quieren elecciones mañana mismo, hace menos de dos años decían que no se podía ir todos los días a elecciones. No estará actuando Ciudadanos con cierto electoralismo, habida cuenta de que las encuestas les sonríen?
  • Porque sé que ningún Gobierno Socialista hará peligrar la integridad del Estado ni la soberanía nacional: únicamente se trata de dotar al país de normalidad institucional, o lo que es lo mismo, que las cartas de la baraja democrática dejen de estar marcadas y pasen a ser las mismas para todos los actores. Que haya fair play, juego limpio con unas reglas justas y transparentes.

En definitiva, porque quiero un gobierno ejemplar que enamore al pueblo español gobernando para todo el mundo pero con una sensibilidad especial hacia la mayoría social ciudadana que quiere acabar con la precariedad laboral, con el machismo, con la corrupción, que defiende la iniciativa privada sin los abusos de poder de un puñado de personas privilegiadas ¡Españolas, españoles, no dejéis que nadie, se llame María Dolores de Cospedal o como se llame, reparta en este país carnets de amigos y de enemigos del Estado de Derecho! ¡No dejéis tampoco que ningún partido, institución u organización os diga que ir contra ellos es ir contra España! Lo que hay que hacer es sacar a España de las garras del politiqueo bajuno electoralista porque España es de todas sus gentes, que la construyen día a día con su trabajo, con su cuerpo, con su mente, con su experiencia, con sus alegrías y sus tristezas… Con esfuerzo, sangre, sudor, lágrimas y amor ¡Viva España!

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