Querida lectora, querido lector

por Pedro Molina Alcántara

Querida lectora, querido lector:

Esta es mi primera publicación de 2018. He querido comenzar este año publicando algo que considere útil y de lo que me sienta realmente orgulloso. Solo soy un simple ciudadano normal y corriente, no poseo más ventaja e influencia que la de mi palabra. Permíteme que en dicha carta, la cual está dirigida a ti, te proponga que planeemos juntos una revolución y la llevemos a cabo. Sí, una revolución auténtica, una revolución en toda regla. Suena fuerte, ¿verdad? No te preocupes, no te quiero asustar, te estoy hablando de una revolución cívica, pacífica, amistosa. Sin violencia, con la palabra y siguiendo las reglas del juego tiene más mérito, ¿no crees?

Lo que te estoy planteando es que trabajemos de la mano para mejorar el país, que lo cambiemos profundamente. La profundidad de los cambios que deseo es de tal magnitud que por eso te estoy hablando de revolución y, además, creo que podemos ponernos de acuerdo en no pocas cosas aunque yo sea de un partido, tú de otro o no te guste ninguno. Ahora bien, hagamos esta revolución con inteligencia, en clave constructiva, sin renunciar a lo que sí merece la pena ser conservado y sin faltar a nadie al respeto, aunque piense diferente a nosotros. No sé si lo lograremos, eso te lo reconozco, pero ésta es una empresa que merece tanto la pena que no podemos dejarnos vencer por el desánimo. Los obstáculos serán muchos, pero mayor es nuestra ilusión, eso es lo que quiero pensar.

Te estoy invitando a iniciar esta aventura juntos porque confío en ti, creo que eres una persona honesta porque así considero que es la inmensa mayoría de la ciudadanía española. Por esa razón, yo también quiero ser honesto contigo y quiero compartir lo que me ronda la cabeza. Y como aspiro a ser una persona más o menos ordenada, te voy a estructurar en unos cuantos puntos el contenido que, a mi juicio, podríamos utilizar como base para nuestra revolución:

I. En primer lugar, pienso que España es un proyecto de convivencia que merece la pena. Vamos a dotar a nuestro país de una serie de reformas atractivas para acomodar los sentimientos y las inquietudes de la mayoría de la ciudadanía española, pero desechemos la idea de trocear nuestro país porque es más lo que nos une como seres humanos que somos al fin y al cabo que lo que nos separa, que en muchas ocasiones es inventado, impostado, inflado hasta el absurdo o fabricado artificialmente.

II. En ese país unido y fuerte que queremos construir deben contar primero y por igual las personas, sean de la comunidad autónoma que sean. Es decir, que debemos proteger el estatuto de ciudadanía común que atribuye un Estado social y democrático de Derecho como es España. Mejor dicho, no solo estoy hablando de protegerlo, sino de mejorarlo. Las personas deben considerarse antes que los pueblos, claro que sí, porque los seres humanos somos el sujeto político primordial: las libertades más fundamentales, los derechos, las obligaciones, el mismo principio de igualdad ante la Ley, gozan de pleno sentido atribuidos a la persona porque la conciencia más primaria es individual.

Una vez sentada esta base podemos hablar de la existencia de diferentes naciones y regiones en España, de descentralización política… El federalismo puede resultar una buena solución para organizar territorialmente el Estado español, de hecho yo creo en ello, pero siempre que se levante sobre los siguientes cimientos: a) que la única Nación soberana es España, fruto de una Historia común pero, sobretodo, de la voluntad del pueblo español; b) que debe cerrarse la distribución competencial entre los diferentes niveles político-administrativos, atendiendo a criterios racionales a la hora de atribuir cada competencia; c) que debe existir una lealtad institucional entre las comunidades autónomas y entre éstas y el Estado central, es decir, buenas políticas de coordinación, colaboración y cooperación; d) que debe garantizarse la solidaridad interterritorial, de forma que toda la ciudadanía posea los mismos derechos y deberes constitucionales, las mismas oportunidades y los mismos servicios públicos con igual trato y calidad en todo el territorio español.

III. Vamos a exigir a las distintas fuerzas políticas que dialoguen y lleguen a acuerdos pensando en el interés general del país a la hora de analizar las infraestructuras que se necesitan, la calidad de las instituciones y los servicios públicos, la ejemplaridad de representantes públicos, altos cargos y empleados públicos en general, los incentivos a la actividad económica, el desarrollo científico y tecnológico… Que se acabe la corrupción, el intercambio de favores, los cambalaches, el intentar contentar a quien nunca se contentará, los privilegios, los abusos de poder (ya sea público o privado), las políticas que fracturan la convivencia, la privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas.

IV. Por último, quiero terminar retomando la idea con la que he comenzado esta carta, la puesta en marcha de la que podríamos llamar la «Revolución del 18» o «Revolución del civismo, la amistad y la fraternidad». Planteo que esta revolución se levante sobre los siguientes cinco pilares:

• Hacienda Pública: única para todo el Estado (acabando, por tanto, con los privilegios forales), prohibición expresa de las amnistías fiscales en la Constitución, elevación de la tributación de grandes fortunas, grandes empresas, multinacionales; y, conforme la mejora de la recaudación tributaria lo permita, debe beneficiarse con una rebaja fiscal a rentas medias y bajas, pequeñas y medianas empresas…

• Reforma constitucional: considero necesario reformar la Constitución tras cuarenta años en los que ha resultado ser una herramienta útil para la convivencia sociopolítica en nuestro país. Es necesario ampliar el catálogo de derechos y garantías constitucionales, reforzando, además, los mecanismos de protección y tutela administrativa y judicial. Por otra parte, hay que mejorar la calidad y la eficacia democrática de las instituciones y la independencia del Poder Judicial, el Ministerio Fiscal y las Administraciones Públicas, algo imprescindible para combatir adecuadamente la corrupción.

• Regeneración democrática: reforma del sistema electoral para mejorar la proporcionalidad del mismo, desbloqueo de las listas electorales para que la ciudadanía pueda ver reflejadas sus preferencias a la hora de votar, apertura de nuevas vías de participación política (ampliación de la iniciativa legislativa popular, posibilidad de convocatoria ciudadana de referéndums o la implantación de un recurso ciudadano de
inconstitucionalidad), establecimiento de un régimen más estricto de incompatibilidades de los altos cargos (cierre de las llamadas “puertas giratorias”), limitación de los mandatos gubernamentales, adopción de medidas constitucionales para evitar el abuso de la figura del indulto, fundamentalmente en lo que se refiere a los delitos políticos y similares…

• Agenda social, rescate ciudadano y cohesión nacional: puesta en marcha de políticas eficaces para combatir el paro y la pobreza, mejorando la empleabilidad, garantizando a todas las familias un ingreso mínimo vital y los suministros básicos de alimentación, agua, luz, gas…

• Aumento de la inversión pública y privada en I+D+i, reindustrialización, fomento del conocimiento, economía social y baja en carbono: para ello hay que fomentar que fluya el crédito hacia inversiones productivas, tanto el proveniente de fuentes públicas como privadas. Entiendo necesario recuperar un instrumento de banca pública semejante a lo que hasta mediados de los noventa existió en España, Argentaria.

Quiero terminar esta carta abierta pidiéndote que si compartes la mayoría o, al menos, el espíritu de esta revolución a la que te estoy invitando, hagas un esfuerzo por convencer a tus amistades y a tu familia de la necesidad de un cambio político solvente para nuestro país, un cambio con instrumental quirúrgico y no a martillazos. Utiliza todos los medios de difusión de que dispongas y no olvides que una ciudadanía formada, comprometida, exigente y vigilante alumbrará el cambio que anhelamos, pero el miedo, la ira y el odio no son buenos consejeros. Hablamos de Justicia, nunca de venganza.

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