El Hospital HLA Moncloa dedica la campaña “Más Saludable” de agosto a la intoxicación alimentaria

Las altas temperaturas y las condiciones óptimas de humedad son el mejor caldo de cultivo para el crecimiento bacteriano.

La época estival y sus elevadas temperaturas, invitan a pasar más tiempo fuera de casa, ya sea en la playa, en la montaña o visitando otra ciudad. Es más frecuente comer en ferias, restaurantes y hacer picnics o barbacoas, donde la cadena de frío de los alimentos está especialmente expuesta a romperse. No debemos olvidar que en esta estación se suman, a las temperaturas de 36 y 37 grados, unas condiciones de humedad óptimas para que las bacterias se reproduzcan y desaten una intoxicación alimentaria.



Los profesionales del Hospital Universitario HLA Moncloa, preocupados por el aumento de casos por estas fechas, han dedicado la campaña Más Saludable de agosto a la prevención, diagnóstico y tratamiento de esta patología que puede ser especialmente virulenta en algunos pacientes. Con esta acción, el centro privado HLA Moncloa, en colaboración con Catering Mediterránea y su técnico de nutrición Alberto Chaves, pretende fomentar hábitos saludables e informar a los usuarios sobre los factores de riesgo para evitar las intoxicaciones.

“¡Seguro que has comido algo que estaba malo!”

Todos hemos escuchado alguna vez esta frase, que ocurre cuando ingerimos alimentos o bebidas contaminadas por bacterias, parásitos o las toxinas que estos producen. “La contaminación puede ocurrir por una deficiente higiene de manos al manipular la comida, por una cocción incorrecta o por dejar los alimentos ya cocidos varias horas a temperatura ambiente”, explica la doctora Teresa Lajo Morales, del equipo de endocrinología y nutrición de Hospital universitario HLA Moncloa, quien hace hincapié en que “las personas más vulnerables suelen ser niños, embarazadas, ancianos, y también personas con enfermedades de base o tratamientos que conlleven inmunidad disminuida, como los corticoides o inmunodepresores”.



Generalmente entre 2 y 6 horas tras la ingesta del alimento contaminado, comienzan las primeras manifestaciones de la enfermedad “como náuseas, vómitos, dolor abdominal tipo cólico, diarrea que en ocasiones puede contener trazas de sangre, y también puede presentarse fiebre, escalofríos, cefaleas o debilidad”, afirma el especialista de Hospital HLA Moncloa, quien además resalta que “la gravedad puede depender del estado general previo del paciente, de la cantidad de alimento contaminado ingerida y del microorganismo implicado”. En ciertos cuadros clínicos “puede ser necesario el uso de analgésicos, no debiendo utilizarse antibióticos ni medicamentos antidiarreicos salvo indicación médica expresa”.

Lo habitual es que los síntomas empiecen a remitir después de 12 a 24 horas, pero en ocasiones “pueden ocurrir casos de mayor gravedad, bien por la intensidad y duración de los síntomas o debido a que el paciente presenta enfermedades previas que favorezcan la aparición de complicaciones como la insuficiencia renal, siendo necesario el ingreso hospitalario para la rehidratación intravenosa o incluso tratamiento antibiótico, aunque el ingreso hospitalario es más frecuente cuando se trata de niños y ancianos, por su dificultad para la hidratación oral”, asegura el profesional médico.



Si bien los síntomas desaparecen pasados uno o dos días, es muy importante rehidratarse adecuadamente, sobre todo si la intoxicación se ha presentado con vómitos y diarrea. Para contrarrestarlo, el facultativo recomienda “ingerir bebida con agua de mar, que puede obtenerse fácilmente en cualquier herbolario, también, tomar de forma frecuente y en pequeñas cantidades suero de rehidratación, habitual en todas las farmacias, o bien, en casa podemos preparar ‘limonada alcalina’ con agua embotellada, zumo de limón, una cuchara de bicarbonato, otra de sal común y una de azúcar”, recomienda la Dra. Lajo Morales y agrega que, “mientras que para que el tracto digestivo sufra lo mínimo posible, se opta por una dieta blanda con alimentos hervidos como arroz, patata, zanahoria, o pescados blancos cocidos o a la plancha, incluso pechuga de pollo”.

Intoxicaciones más frecuentes

“Entre los muchos gérmenes que pueden causar la intoxicación alimentaria, los habituales son el estafilococo o la escherichia coli, que se asocian a la manipulación de los alimentos en condiciones de poca higiene o por estar expuestos a temperatura ambiente. Ambas tipologías suelen afectar a la leche o sus productos derivados (natillas o pasteles con nata), pero también puede afectar a las carnes y pescados”, señala la profesional HLA Moncloa.



Por otro lado, “la salmonela, causante de la salmonelosis, es la bacteria que contamina los huevos y sus derivados, la leche no hervida y las aves de corral. Está presente en las heces e intestinos de los animales y puede encontrarse en la cascara del huevo, por ello no debemos lavarlos para que no se produzcan filtraciones a través de la superficie porosa hacia el interior, ni que la yema o la clara toquen la cáscara al romperlos”, detallan desde el centro y continúan que “las tortillas se deben cuajar bien y no mantenerlas fuera del frigorífico más allá de dos horas. Aunque, si se prepara una salsa a base de huevo, debemos mantenerla en el frigorífico en todo momento y consumirla antes de 24 horas”, añade la Dra. Lajo.

El sanitario pide especial cuidado frente a los parásitos del pescado como el anisakis, contra el que recomienda “manipularlo con precaución, eviscerarlo y mantenerlo en el frigorífico hasta el momento del consumo cocido, aunque si la idea es comerlo crudo, en salazón, ahumado o en escabeche, será necesario congelarlo previamente al menos a -20ºC y durante un mínimo de 5 días”. Por su parte, el marisco debemos comprarlo vivo a vendedores autorizados y tener mucho cuidado al mezclar setas o vegetales con otros alimentos, ya que a veces también pueden ocasionar problemas.



De esa agua sí beberé

Se aconseja ingerir mucho líquido de fuentes de confianza, al igual que los alimentos, que además deben presentar buenas condiciones de apariencia, olor y sabor, y nunca consumirlos si hay dudas sobre su estado de conservación. “La mejor forma de prevenir la intoxicación es una adecuada higiene tanto de manos, como de utensilios, frutas y verduras, cocerlo todo bien, guardar separados los alimentos crudos de los cocinados para evitar la contaminación cruzada, evitar que se rompa la cadena de frío y una vez cocinados conservar poco tiempo fuera del frigorífico”, recalca el médico de HLA Moncloa y concluye que “es conveniente planificar la compra, dejar los refrigerados y congelados para el final, seguir las recomendaciones de refrigeración y conservación para cada alimento, y principalmente evitar el consumo de latas que presenten golpes, perforaciones o hinchazón porque pueden contener el clostridium, la intoxicación más grave”.

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