Un 36,3% de los empleados en la Comunidad de Madrid dedica más del 50% de sus ingresos al alquiler o la hipoteca, según una encuesta de Randstad sobre los salarios de los empleados, realizada a una muestra representativa de 5.700 profesionales. En concreto, el 21,2% de los madrileños gasta entre un 50% y un 65% de su nómina en el hogar, mientras que un 15,2% sufre una situación crítica al sobrepasar el 65% de gasto. En el extremo opuesto, solo un 14,5% logra mantener este gasto por debajo del 25% de sus ingresos, mientras que un 35,2% dedica entre el 25% y el 50% y un 14% prefiere no declararlo.
La Comunidad de Madrid se sitúa como una de las regiones españolas con mayor tensión financiera residencial. Se ubica únicamente por detrás de Canarias (42,9%) y supera la tasa de otras comunidades con un alto sobreesfuerzo como Castilla-La Mancha (34,7%), Cataluña (34,2%) o Andalucía (30,6%). Asimismo, la proporción de trabajadores madrileños con un gasto inferior al 25% (14,5%) contrasta notablemente con regiones con menor presión como el País Vasco (23,2%), Asturias (29,6%) o Aragón (27,1%).
Casi 4 de cada 10 trabajadores españoles destinan más de la mitad de su sueldo a pagar la vivienda
A nivel nacional, el 37,6% de los trabajadores destina más de la mitad de su salario al pago del alquiler o la hipoteca. En concreto, el 24,1% dedica entre el 50% y el 65% de su nómina a la vivienda, mientras que el 13,5% destina más del 65% de sus ingresos a este gasto.
Por su parte, el 42,2% de los encuestados dedica entre el 25% y el 50% de su salario mensual a la vivienda, el tramo más habitual entre los trabajadores. Solo el 20,2% consigue mantener este gasto por debajo del 25% de sus ingresos.
Las mujeres y el tramo de 25 a 44 años sufren más por la vivienda
El esfuerzo residencial revela una brecha relevante por sexo. De esta manera, el 36,8% de las mujeres declara destinar más del 50% de su salario a la vivienda, frente al 26,7% de los hombres. Además, el gasto alcanza un nivel crítico para el 14% de las mujeres, al dedicar más del 65% de su retribución al hogar, frente al 8,8% de los hombres. Esta brecha se detecta incluso en el tramo de menor esfuerzo económico (menos del 25% del sueldo), la proporción de hombres (20,8%) supera ampliamente a la de mujeres (13,5%).
Por tramos de edad, el mayor sobreesfuerzo se registra entre las personas de entre 25 y 44 años, una franja en la que el 35,3% de los trabajadores destina más del 50% de su retribución a la vivienda. En el caso de los trabajadores de 45 años o más el porcentaje de personas con un gasto superior al 50% desciende al 30,2% y aumenta el tramo con menor carga (menos del 25% del sueldo) al 18%.
Por otro lado, el impacto del coste de la vivienda decrece conforme aumenta el nivel de estudios. Así, las personas con estudios de postgrado (Máster o Doctorado) lideran la categoría de menor gasto en vivienda (menos del 25% del sueldo) con un 28,1% y presentan el menor sobreesfuerzo acumulado de más del 50% de gasto (27,5%). Sin embargo, entre las personas con educación obligatoria, un 34,8% dedica más de la mitad de su salario a la vivienda, y solo un 10,3% logra mantener ese gasto por debajo del 25%. Este dato va unido a que, generalmente, las personas con mayores niveles formativos suelen acceder a sueldos más altos.
El coste de la vivienda: principal motor de la insatisfacción salarial
El análisis de Randstad demuestra una correlación directa entre la carga financiera sobre la vivienda y la percepción que los trabajadores tienen sobre su salario. La insatisfacción laboral no responde únicamente al importe bruto ingresado, sino a la baja capacidad adquisitiva tras cubrir los costes fijos residenciales.
En este sentido, entre los encuestados que declaran estar «nada satisfechos» con su sueldo actual, el 54,9% gasta más de la mitad de sus ingresos en vivienda (un 28,4% destina entre el 50%-65% y un 26,5% destina incluso más del 65%). Por el contrario, entre quienes están «bastante satisfechos» con su salario, el 80% destina un 50% o menos a la vivienda, contando con un mayor margen de holgura económica tras el pago de la vivienda, ya sea propia o en régimen de alquiler.
Recorte de hábitos cotidianos y pluriempleo
El sobreesfuerzo económico que implica la vivienda está forzando un cambio directo en los patrones de consumo de los profesionales. Entre los trabajadores que reconocen haber tenido que ajustar o recortar sus hábitos de consumo cotidianos debido al coste de la vida, el 42,4% dedica más del 50% de su salario a la vivienda.
Asimismo, el coste del hogar actúa como un desencadenante del pluriempleo: el 45,7% de las personas que actualmente cuentan con más de un trabajo dedican más de la mitad de sus ingresos a la vivienda, reflejando que la búsqueda de ingresos extraordinarios está fuertemente vinculada a la necesidad de cubrir el coste básico del hogar.
