Un sacerdote de 52 años adscrito a la provincia de Cuenca se encuentra en calidad de investigado no detenido tras una intervención efectuada por la Policía Municipal de Madrid en el distrito Centro. El religioso fue conducido a las dependencias policiales de dicha demarcación el domingo 24 de mayo por la tarde, lugar donde se tramitó el acta oficial de incautación de estupefacientes y se depositaron los elementos decomisados. Tras ofrecer su testimonio ante los funcionarios, el implicado abandonó la comisaría en libertad.
Durante el registro del habitáculo, los agentes descubrieron ocultos entre diversos papeles de índole privada y efectos personales un total de cinco blísteres de sildenafilo (fármaco empleado para la disfunción eréctil bajo el nombre comercial de viagra): cuatro de ellos con una dosificación de 100 miligramos y uno más de 200 miligramos. El eclesiástico asumió la titularidad de los comprimidos, si bien no pudo aportar la correspondiente prescripción facultativa que amparase su tenencia.
Al ser cuestionado por los hechos, el propio conductor argumentó ante los uniformados que consideraba que sus actos no constituían ninguna tipicidad delictiva. Bajo su criterio personal, transmitió a las autoridades que creía que para incurrir en una infracción penal o administrativa era necesario transportar un volumen superior al centenar de píldoras.
Maniobras al volante en la Carrera de San Francisco
El suceso se desencadenó en torno a las 18:00 horas en la Carrera de San Francisco, un vial urbano localizado en las inmediaciones de la Basílica de San Francisco el Grande. Una dotación policial del distrito Centro reparó en la presencia de un automóvil que circulaba ejecutando movimientos erráticos. De acuerdo con el acta, el coche deceleró de forma súbita, llegó a pararse por completo unos instantes y volvió a acelerar de manera anómala, una conducta vial que empujó a los agentes a ordenar la detención del vehículo.
Ocultación de las sustancias y acompañante
Una vez inmovilizado el turismo, los policías procedieron a requerir la documentación al conductor —quien reveló en ese instante su condición de clérigo en territorio conquense— y al otro ocupante del coche, un varón de 25 años y nacionalidad peruana. A pesar de que los funcionarios preguntaron de forma explícita si guardaban drogas en el vehículo y ambos lo negaron de manera reiterada, el visible estado de agitación y nerviosismo que mostraban los dos hombres motivó que se realizara un examen minucioso del coche.
Además de los fármacos antes citados, la inspección de seguridad se saldó con el hallazgo de múltiples frascos de popper (un compuesto inhalante ilegal vinculado de forma habitual a encuentros de índole sexual entre varones) que ya se encontraban desprecintados y abiertos. Dichos envases estaban repartidos tanto entre los objetos de valor del sacerdote como en el interior de una bolsa propiedad del joven acompañante.

