La Audiencia de Madrid juzga este martes a un ludópata que estafó a su empresa un millón de euros para jugar y apostar. Piden 18 meses de cárcel para él

La Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Madrid juzga desde este martes a B. S. O., una persona con trastorno patológico (ludopatía) que trabajaba como empleado en el departamento financiero de una empresa a la que llegó a estafar 994.319,42 euros durante cuatro años.

La Fiscalía Provincial de Madrid solicita 18 meses de prisión para él. El representante del Ministerio Público, que le aplica la eximente incompleta de alteración psíquica (ludopatía), le imputa un delito continuado de falsedad en documento mercantil y otro de estafa, al tiempo que reclama que se le prohíba durante cinco años el acceso a locales donde existan actividades de juego, loterías o apuestas.

El escrito de acusación señala que, si bien  B. S. O. padecía un trastorno por juego patológico “que mermaba su capacidad volitiva de forma moderada-grave” dada la dificultad que tenía para controlar sus conductas de juego, dicho trastorno  no afectaba a su capacidad cognoscitiva por lo que pudo obtener dinero “con el que desarrollar sus conductas de juego”. De hecho, se aprovechó de su acceso a la contabilidad  de la empresa para disponer de cantidades de dinero para “obtener un ilícito enriquecimiento patrimonial”.

Así, el acusado imitaba la firma del Director General de la empresa  y de la directora de Administración y Finanzas poder expedir válidamente y después cobrar los cheques y pagarés que extendió a su nombre y al de un amigo suyo “quien ignoraba el verdadero origen del dinero creyendo que realmente procedía de las ganancias del juego según le contaba el acusado cuando lo ingresaba en la cuenta de dicho amigo (…) de cuyo saldo disponía el acusado al poseer la tarjeta de la misma y su PIN para hacer disposiciones de efectivo”.

A fin de evitar que la empresa detectara las disposiciones de dinero, el acusado introducía los asientos contables en unas ocasiones en el sistema de la sociedad correspondientes a facturas que no existían,  y contra las que posteriormente emitía el cheque o pagaré, agrupando en algunos casos las facturas a pagar. De esta forma, una vez cobrado el dinero la contabilidad no mostraba diferencia con el saldo bancario. En otras ocasiones, sin embargo, buscaba facturas antiguas de proveedores que, “por alguna razón no cobraron el cheque o pagaré que se les entregó en su día”, y emitía un nuevo cheque o pagaré a su propio nombre cancelando contablemente el importe pendiente de pago al proveedor.

Los 73 cobros que se hicieron contra la cuenta que la empresa tenía abierta en el Banco de Sabadell ascendieron a 742.245,12 euros, mientras que los cobros realizados en otra cuenta del Banco de Santander sumaron otros 252.074,32 euros.

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