El Real Madrid rompe su racha de sequía con un Llull esencial en la prórroga contra el Armani Milan

Reacción en plena deriva la que se vivió el pasado jueves en el WiZink Center. El Real Madrid de baloncesto sigue todavía sumido en la tónica del juego pobre que ha venido mostrando en los últimos partidos, aunque es cierto que la victoria contra el Armani Milan en la prórroga (92-88) no sólo supone una importante suma de puntos, sino que además llega como revulsivo moral ante lo que queda por delante. Los blancos venían de firmar 4 encuentros perdidos en la Euroliga y siete en el cómputo general, por lo que siempre es de agradecer, por pequeño que sea, el brote verde en mitad del desierto. Con la participación de un Llull determinante y un equipo que tiró de pasión hasta el final, el Madrid se coloca segundo en la tabla clasificatoria cuando las mejores apuestas deportivas no le dan como favorito en la lucha por el campeonato. Los pronósticos no son amables, pero también cabe la esperanza con este punto de inflexión.

No se escondió el base de Mahón cuando tocó emplearse al máximo frente a los italianos. Ahí estuvo su buen hacer, sobre todo en los tramos decisivos, llegando a anotar 7 puntos en el añadido y sellando un triple y dos canastas al borde de la bocina. A pesar de la fortificación defensiva del Armani Milan, que a punto estuvo de llevarse el choque, los de Pablo Laso dejaron un buen puntaje a partir de nombres propios como Llull, que sumó veinte; Gabriel Deck, que hizo veintiuno; y Gerschon Yabusele, que aportó diecinueve y la sensación de volver a ser el muro de antaño.

Con este tridente en pleno rendimiento, apareció además Williams-Gross aportando elementos inusuales en su juego, como por ejemplo el rumbo acertado en la circulación. Fue oportuna la combinación entre todos ellos, máxime cuando en el equipo causaba baja su mejor hombre, Walter Tavares, que vio la expulsión tras reclamar airadamente a los colegiados por las numerosas faltas que recibe y que no son pitadas. El pívot blanco tuvo que abandonar el partido, poniendo así en apuros, una vez más, al equipo en el que milita.

A partir de ahí, el Real Madrid afrontó el resto del tercer tiempo, el cuarto periodo y la prórroga sin un jugador especialmente relevante en esa demarcación, y es que Poirier no atraviesa su mejor racha. Thompkins y Yabusele se encargaron de enmendar el entuerto como buenamente pudieron. Con el horizonte en contra, los madridistas supieron resistir al asedio de los italianos, especialmente de Devon Hall, que selló 21 tantos, y de Nicolo Melli, con 24 puntos. Está claro que una victoria de este calibre supone un punto y aparte en la rácana trayectoria cosechada hasta el momento.

El giro hacia la recuperación blanca se intuyó en los primeros compases de la contienda, contando además con un graderío entregado en eso de ejercer como valor extra. El bloque defensivo estuvo bastante fino en sus labores de contención, lo que a su vez trajo consigo una superioridad en el rebote que sirvió para elaborar contragolpes rápidos y ataques más acertados. Hacía tiempo que el Madrid no se prodigaba en ejercicios de este tipo. El trabajo meditado y preciso de Williams-Goss en la dirección de la pelota contribuyó a que destacaran compañeros como Deck y Yabusele para establecer un 21-12 al cabo de nueve minutos.

Por su parte, el Armani Milan, presionado por la energía arrolladora de este Madrid inicial, resistió como pudo gracias a la veteranía de Melli y al acierto de Daniels desde la línea de tres puntos. El conjunto italiano fue superado en este primer cuarto por los locales, que llegaron a acumular once rebotes y siete asistencias. Se rompió la fluidez de los de Laso en el segundo periodo, justo cuando el técnico decidió hacer algunos cambios y metió en la sala de creación a Thomas Heurtel. El francés sigue sin estar al nivel que se le exige, desapercibido en defensa, tímido con la batuta y escaso en el número de canastas.

Con esta sustitución y el papel discreto de jugadores como Hanga, Poirier y Rudy, se desinfló el torrente madridista, dejando paso a un Armani más valiente, sobre todo de la mano de Alviti y Melli, centrados en hacer del riesgo un sello personal que colocaba el 29-30 en el marcador allá por el minuto dieciséis. Sirvió esto para que Laso se arrepintiera de la decisión tomada y volviera a meter en la cancha a Yabusele, Tavares, Goss y Deck, ganando así un impulso que devolvía el optimismo al planteamiento y cerrando el segundo cuarto con un apretado 41-41.

Tras el descanso, la intención de mantener el control se vio truncada con la expulsión de Walter Tavares, lo que provocó que el encuentro terminara de abrirse para los italianos. Con este escenario encima, apareció la impronta de Sergio Llull para poner a su equipo por delante, al menos momentáneamente, y es que la intervención de un Devon Hall muy atinado ponía en el electrónico el 64-64 ya en el minuto treinta.

La imagen de un Real Madrid poco creativo, alocado en ataque y errático en la circulación fue ganando peso en el periodo final. Hubo que tirar de individualidades para enmendar el asunto. Ahí estuvo Heurtel con sus triples para soñar unos minutos, hasta que apareció la contundencia de Hall y puso a los italianos arriba en el marcador (74-81) a sólo dos minutos del desenlace. Sesenta segundos de infarto en los que se sucedieron dos canastas de Deck y Thompkins y un triple de Llull que ponía rumbo a la prórroga. Fue precisamente el base mallorquín el que hizo de sí mismo para rematar el partido sobre la bocina. 92-88 y victoria de los madridistas para seguir con opciones en la Euroliga.

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