Las malas condiciones climáticas impiden al alpinista madrileño Carlos Soria alcanzar la cima del Dahulagiri

  • Tras 20 días de esfuerzo, trabajo y concentración, el fuerte viento y el estado de la nieve y el hielo, obligan con pesar a desistir del intento de hollar la cumbre.
  • “Nos sentimos tristes por no haber alcanzado la cima, pero contentos por haber hecho todo lo posible por cumplir los objetivos, y sobre todo por hacer las cosas lo mejor posible. Y siempre disfrutando de estas maravillosas montañas”, afirma Carlos Soria.

“Finalmente no ha podido ser” así lo confirmaba con tristeza Carlos Soria desde el Campo III del Dahulagiri,  pero con la satisfacción del trabajo bien hecho, muy agradecido por el caluroso apoyo recibido desde España, y  consciente  de  la  inexorable contundencia del entorno climatológico en esas altitudes de Nepal, a pesar de haber seguido los pasos y etapas  con el rigor y preparación adecuadas.

“Hemos hecho todo lo que ha estado en nuestra mano, pero en estas montañas las condiciones climatológicas y el propio estado de la nieve y el hielo son los que deciden finalmente si se puede subir, o no, a la cima” afirma Carlos Soria que a modo de crónica de los últimos días narra los preparativos y ascensos de sus últimos días en el Dahulagiri..

“Hemos llevado a cabo el plan tal y como lo teníamos pensado. El día 15 de mayo salimos del campo base con destino al campo I. Todo se desarrolló perfectamente, alcanzamos el campamento a muy buena hora y pudimos descansar tranquilamente en la tienda, comiendo y bebiendo, para afrontar el desgaste que nos esperaba en las siguientes jornadas. Ese mismo día, el equipo de sherpas se adelantaba al campo II.

El 16, subimos hacia el campo II, el tiempo fue perfecto, como se esperaba. Subimos a muy buen ritmo, adelantando incluso al resto de personas de otras expediciones. Mientras tanto el equipo de sherpas se dirigió al campo III. Todo apuntaba a un desenlace con éxito, nosotros nos encontrábamos perfectamente y el pronóstico del tiempo se cumplía. Pudimos descansar muy bien en el camp II, a pesar de tener que recomponer el campamento, ya que las tiendas se encontraban cubiertas de nieve, por las nevadas ocurridas durante los días previos.

El 17 salimos temprano del campo II, hacia el último campamento, esta parte del recorrido, es una de las más complicadas. La pendiente es muy pronunciada y, esta temporada, se encuentra cubierta de hielo, en prácticamente todo su recorrido, haciendo la progresión mucho más dura y delicada.

El viento empezó a soplar desde muy temprano, algo que no teníamos previsto en nuestra previsión meteorológica. Nosotros pudimos avanzar hacia el campo III, pero nuestro equipo de sherpas, que tenían pensado equipar la parte superior de la montaña, apenas pudieron progresar.

Llegamos al campo III, con mucho viento. A este mismo lugar empezaron a llegar el resto de los grupos, muchos sin lugar para pasar la noche.

Los parte meteorológicos, empezaron a dar previsiones más negativas, de viento para la siguiente jornada. Cada vez se veía más complicado un posible intento a cima, para el día 18. El equipo de sherpas llegó tarde y muy cansado al campo III, con muy malas expectativas de las condiciones de la montaña en la parte superior.

El viento no dejó de golpear, con mucha fuerza,  las tiendas del campo III hasta pasadas las 12 de la noche, disipando cualquier perspectiva de poder intentar la cima, ya que, como mínimo, deberíamos de haber salido a las 6/7 de la tarde, para poder garantizar una ascensión con un horario, mínimamente prudente. Esa noche alojamos en nuestra tienda a nuestros amigo Pepe y Fernando, dada la dificultad de montar su tienda. Los cinco pasamos una noche “animada”, aunque ya teníamos claro que no tendríamos opciones de intentar la cima.

Viendo los partes de viento para los siguientes días tuvimos claro, desde el primer momento, que las opciones de cima desaparecían y que la única opción clara que se presentaba era bajar al campo base y no arriesgar la integridad de ninguno de los miembros del equipo”.

Carlos Soria, finaliza su crónica con su descenso el 19 de mayo del campo I al  campo base: “nos encontramos un poco tristes por no haber alcanzado la cima, pero contentos por haber hecho todo lo posible por cumplir los objetivos, pero sobre todo por hacer las cosas lo mejor posible. Y siempre disfrutando de estas maravillosas montañas”.

Por su parte, IFEMA, a pesar del contratiempo meteorológico y de la imposibilidad de haber alcanzado la meta,  se siente muy honrada de haber impulsado un proyecto que cumple con los propios objetivos de IFEMA, encarnados por Carlos Soria,  y que pone al esfuerzo, la constancia y  la tensión por lograr los objetivos, en la cumbre de su propia filosofía y  actividad.

“Con el  pesar de que el esfuerzo y la dedicación con que se ha emprendido cada una de las distintas etapas de la  Expedión IFEMA- CARLOS SORIA, no hayan tenido finalmente su merecida recompensa, desde IFEMA queremos expresar nuestro apoyo y reconocimiento a nuestro alpinista más internacional, por su valor como deportista y por su nobleza humana. Ha sido una maravillosa experiencia haber podido impulsar esta aventura y unir el nombre de IFEMA al el de un personaje extraordinario, afirma Clemente González Soler, presidente del Comité Ejecutivo de IFEMA.

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