Investigadores de la UCM exponen que el calentamiento global agravó la ola de calor que nos afectó en junio

  • Así se desprende de un estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters y referenciado en Science llevado a cabo por investigadores del departamento de Física de la Tierra y Astrofísica de la UCM y del Instituto de Geociencias (UCM-CSIC).
  • La ola de calor afectó a una superficie de unos 8 millones de km2 causando temperaturas record de 45°C en la Península Ibérica, 35°C en Reino Unido y de 25°C en algunas zonas de Suiza.

Un grupo de investigadores del departamento de Física de la Tierra y Astrofísica de la UCM y del Institutito de Geociencias (UCM-CSIC) acaba de publicar un artículo (Sánchez-Benítez et al., 2018) -publicado en la revista Geophysical Research Letters y referenciado en Science- donde se analizan las características de la mega-ola de calor que entre el 10 y el 23 de junio de 2017 afectó a una superficie de unos 8 millones de km2 localizada sobre Europa Occidental y Central y el Atlántico.

Esta causó records de temperaturas tanto en escalas diarias como estacional (ya que la primavera también fue muy cálida), alcanzándose los 45°C en la Península Ibérica, 35°C en Reino Unido o no bajando de 25°C en algunas zonas de Suiza. Además en Portugal se produjeron incendios forestales que produjeron 66 fallecidos y cerca de 45.000ha quemadas.

Este fenómeno tuvo características similares a otras mega-olas de calor (como por ejemplo la de 2003); sin embargo lo más destacado de este fenómeno es que es el más temprano que se ha producido en el continente europeo desde, al menos, 1948, que es cuando se disponen registros comparables. Este episodio es un caso extremo de adelantamiento del verano que ha sido detectado en estudios del mismo grupo  y que coincide con las proyecciones de los modelos climáticos.

El análisis de esta ola de calor revela que estuvo causada por la entrada de aire subtropical más potente que se ha producido hasta la fecha en este mes, debida a un sistema de altas presiones en altura (dorsal subtropical). De hecho, el artículo muestra que la masa que invadió la Península Ibérica tenía características más propias de los meses de julio y agosto que de junio.

Además, los efectos asociados al cambio climático reforzaron el impacto asociada a esta masa cálida, pudiéndose cifrar los mismos en un mínimo de 0.7°C con respecto al periodo 1948-1979. Este análisis, junto a los diferentes escenarios climáticos disponibles, llevan a pensar que, aunque no se han encontrados precedentes de un evento similar, se puede considerar que esta ola es un ejemplo del tipo de veranos que deberemos afrontar en las próximas décadas.

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