El edificio de Mar Amarillo de Hortaleza volverá a acoger jóvenes sin recursos tras un año de rehabilitación

Aún quedan algunos flecos sueltos propios de las grandes reformas, pero el antiguo edificio de La Humanitaria o Mar Amarillo, situado en el número 21 de esa misma calle, ya luce como nuevo a pesar de acercarse al siglo de vida en pleno corazón de Hortaleza.

Y es que la encomiable función que realiza bien merece ese destacado color amarillo que cubre su fachada y lo hace visible desde la distancia, ya que desde 1989 ofrece alojamiento a jóvenes sin recursos y en riesgo de exclusión social, dándoles un empujón para que puedan enfrentarse al mundo real.

La Asociación El Olivar gestiona el edificio Mar Amarillo como un piso de acogida con capacidad para siete personas, derivados de Servicios Sociales o de Centros de Menores que quedan en situación de desamparo al cumplir los 18 años. Allí, tutelados por un educador, dan sus primeros pasos en la vida adulta y se les ayuda a construir los cimientos de la que será su nueva etapa, desde encontrar un empleo, administrar su economía o hacer la compra, ya que la estancia en este piso no suele ser superior a dos años.

Según nos comenta Belén, una de las voluntarias de la asociación “es una etapa de transición cuyo fin último es que adquieran la autonomía suficiente para gestionar su propio proyecto de vida”.


Tras comprobar el estado de deterioro en el que se encontraba, el edificio ha sido rehabilitado de forma integral para lo que se han destinado cerca de 300.000 euros. De esta manera, se ha reconstruido la cubierta, que presentaba fuertes humedades y goteras, se han reparado los solados, tabiques y la carpintería, instalando también armarios empotrados.

Se han sustituido las instalaciones de saneamiento, fontanería, climatización,  electricidad, y para cumplir la normativa de accesibilidad, se ha instalado un ascensor que comunique ambas plantas además de acondicionar en la planta baja un baño para personas con discapacidad.

Las obras de rehabilitación han durado algo menos de un año, pero la espera ha merecido la pena. Los chavales de El Olivar ahora viven en unas instalaciones dignas y de calidad, contribuyendo a crear un cálido y verdadero hogar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *