Jóvenes que no son portada

por Aída dos Santos, politóloga por la Universidad Complutense de Madrid.

Del sur en el norte gusta el sol y la playa. La televisión alta, la siesta diaria, la cerveza fría, y los chistes de andaluces.

Que se inaugure un consorcio europeo para luchar contra la precariedad y el desempleo entre los jóvenes no es noticia. Aunque ya haya siete países más siguiendo la iniciativa que surgió hace cinco años en una localidad malagueña.

En plena expansión y locura por las aplicaciones, relojes y smartphones que nos dicen, controlan y monitoriza lo que dormimos, lo que leemos, lo que estamos de pie y lo que estamos sentados; que un grupo de jóvenes diseñen aplicaciones de turismo virtual y sean una herramienta para el turismo sostenible, no es noticia.

El país con un 41.6% de desempleo juvenil, el 92.5% de los empleados con contratos temporales y a su vez con un 56% de sobrecualificación, obvia en sus diarios que hay un instituto público en el sur de esta España tan suya y de esta Europa tan nuestra, que lejos de aferrarse a la estadística nacional de abandono escolar y precarización del empleo hace que las aulas sean el primer referente de emprendeduría para sus alumnos y alumnas.

En una sociedad enganchada al Teledeporte y a la cadena privada de turno que emita el partido de la final de Champions, no será noticia que este grupo de jóvenes a contracorriente sean premiados en las Olimpiadas de la UMA.

Gobernados por la ministra que les llamó aventureros por emigrar como antaño lo hicieran sus padres y abuelos, no es portada que las instituciones europeas doten a este proyecto de 230.120 euros del programa Erasmus +. Ya sería una noticia para abrir prensa que nuestros compatriotas supieran de la formación más allá de la elitista y anacrónica universidad española.

Quizá la noticia que más amargaría el día de los abanderados de puro y copa, es aquella en la que un instituto es capaz no solo de dotar a sus estudiantes de herramientas contra el desempleo apostando por la iniciativa empresarial, sino que además se haga desde un modelo empresarial innovador, ético y responsable. Diseñado para solucionar problemas sociales y no para crearlos.

Un modelo que pretende romper las dinámicas clasistas dándole la oportunidad de emprender, de viajar, de aprender y de apostar por su futuro a los que no tienen un padre o una madre a la que agradecer que les puede pagar la universidad o traspasar una empresa.

Los profesores que perdieron un 5% de sus salarios y vieron aumentar el ratio de alumnos son los verdaderos héroes de esta noticia que no verán en las rotativas. Profesionales que comprendieron que la realidad laboral para la que ellos y ellas fueron formados no era la misma a la que se enfrentaría la generación de los 80, los 90 ni mucho menos los 2000, por lo tanto, si había cambiado el tablero, no eran válidas las mismas fichas. No basta con enseñar idiomas, hay que vivirlos, no se resignan a que sus estudiantes salgan de una Formación Profesional de vanguardia y limpien platos en Alemania porque no sepan explicar como son capaces de diseñar una prótesis impresa en 3D. Estos profesores no fomentan la competencia entre sus alumnos para acceder a la formación, les demuestran que la formación es un derecho y que la competencia está ahí fuera, analógica y acomodada, y ellos y ellas, digitales y con cero gramos de resignación en sus cuerpos, van a conquistarla.

No solo se apuesta por la creación del propio empleo, la cual no está debidamente defendida ni motivada por el Gobierno Central con unas tasas astronómicas. También saben cuales son las ventajas de formar parte de una empresa, la Formación Profesional Dual es la alternativa al conocimiento desenganchado del mercado laboral, comprendieron desde esta institución pública que se podía dar la oportunidad a sus estudiantes de elegir que tipo de formación querían adquirir. Pudiendo completar su aprendizaje en el propio puesto de trabajo al que aspiran, controlando los abusos empresariales en los contratos de formación y aprendizaje, y defendiendo al doblemente débil trabajador y estudiante, con asignaturas específicas que les ayuden a conocer la legislación laboral que les ampara.

Estos profesores y estas profesoras se han convertido en el paradigma del ideal de la educación, una educación que les quiere hacer libres para ser dueños de sus vidas y proyectos. La incorporación al mercado laboral es la solución a la crisis de emancipación que vive nuestro país, con más del 80% de los jóvenes sin oportunidad de formar su proyecto de vida fuera de la casa familiar. Y eso ya es un drama sin que tengamos que mencionar que más de 1.337.000 personas viven en hogares sin ingresos.

En el norte no quieren saber nada de Torremolinos si no es por sus pescaítos fritos, quizá esto les alarme, ya no tendrán un camarero joven y formado al que sólo les falte pedirle que les abaniquen. Ni una camarera que muestre la brecha salarial de hombres y mujeres vistiendo de menos mientras pone copas de más a esos señoritos del norte.

Señoritos que ignoran que hay precariedad en nuestros pueblos pero dictan cátedra en el discurso de la desigualdad, pero por suerte para nosotros, por desgracia para ellos, también ignoran que su sociedad también está cambiando.

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