Alberto Garzón, otra herramienta de Pablo Iglesias

por DAVID HERNÁNDEZ

Cuando ayer por la tarde se conoció la noticia de que Izquierda Unida y Podemos habían sellado un pacto para presentarse conjuntamente a las elecciones, pronto empezó a circular un vídeo, que quería parecer espontáneo, donde Alberto Garzón y Pablo Iglesias se encontraban en la Puerta del Sol y se daban un cariñoso abrazo.

En ese mismo instante, el líder de Podemos citaba al personaje de la serie del Equipo A, Hannibal con la frase: “me encantan que los planes salgan bien”. Esta popular expresión, reflejaba más acertadamente lo que suponía el acuerdo y el abrazo entre los dos dirigentes, que los documentos que luego fueron presentados.

Para Pablo Iglesias, la figura de Alberto Garzón y las siglas y aparato de Izquierda Unida, son un instrumento más en su calculado plan para alcanzar el poder central. Un plan, que tiene como objetivo primordial a medio plazo, convertirse en el referente de izquierdas en este país. Necesita hacer el famoso sorpasso al PSOE y para ello, tras las elecciones del 20 de diciembre, se ha dado cuenta que necesita de la histórica formación de izquierdas y del joven político comunista.

En la estrategia inicial diseñada por las principales cabezas de Podemos, no pasaba acabar confluyendo con Izquierda Unida. Los pasos eran claros, jugar la baza de la centralidad del tablero para llegar a La Moncloa. Sin embargo, las elecciones municipales y autonómicas le enseñaron algo a Errejón y compañía, el centro ya estaba copado por Ciudadanos y PSOE, la brecha sólo lo podrían abrir por el flanco izquierdo.

Para ello, el segundo paso consistía en difuminar el discurso de “abajo-arriba”, “no somos ni de izquierdas ni de derechas”, “somos de la gente” etc., para ir moviéndose en la dialéctica habitual de la socialdemocracia europea, intentando fagocitar a Izquierda Unida y atrayendo el mayor número posible de votantes y simpatizantes socialistas.

En un primer instante, Iglesias no quería que la marca emergente de Podemos se pudiera ver salpicada por unas siglas y unos ideales, los de Izquierda Unida, que decía representaban anticuados programas y valores, que nada tenían que hacer en la política actual española.

Pero los estrategas de Podemos infravaloraron a IU, como también hicieron con el PSOE y sus simpatizantes, dándose cuenta que la formación de Alberto Garzón cuenta aún con un importante número de fieles simpatizantes y un aparato territorial que los de morado no tienen todavía.

Durante las semanas en que los socialistas intentaban abrir vías de negociación para impedir la repetición de las elecciones, Pablo Iglesias y sus compañeros de partido tenían claro que papel debían jugar. Por un lado, aparentar que estaban dispuestos a formar un gobierno progresistas, mientras que por las espaldas preparaban el terreno para los comicios de junio, aproximándose a un Alberto Garzón siempre dispuesto.

Ahora Podemos se encuentra en el contexto que estaban esperando, utilizando a Izquierda Unida y Garzón como una herramienta más de su plan. El descenso en intención de votos que se comenzaba a divisar, seguramente esta unión lo mitigará. Más aún, en aquellas provincias donde el partido morado le faltaron papeletas para llegar a obtener algún representante, ahora los podría conseguir.

Ciertamente, las intenciones de Pablo Iglesias y Podemos con el pacto con Izquierda Unida han sido claras totalmente. Quieren su espacio electoral y monopolizar totalmente la izquierda de este país. Lo que cabría preguntarse, que es lo que gana Alberto Garzón e IU con este pacto, más allá de que durante esas semanas serán una rueda más en la maquinaria de Podemos.

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