La Policía Nacional ha desarticulado en Madrid una organización criminal por contratar ilegalmente y explotar a los conocidos como “andarines”. Llegaban a trabajar jornadas de hasta 14 horas diarias, recorriendo largas distancias a pie y empujando pesados carros cargados de todo tipo de paquetes sin importar la climatología.
Las víctimas recibían falsas promesas de contratos laborales y ayuda para regularizar su situación en nuestro país. Finalmente, han sido detenidas cuatro personas -tres hombres y una mujer- como presuntos responsables de los delitos de pertenencia a organización criminal, explotación laboral y favorecimiento de la inmigración ilegal.
Feligreses, aplicaciones de mensajería instantánea y redes sociales
La investigación se inició al tener conocimiento de la existencia de una organización criminal que, para llevar a cabo el reparto de paquetería de última milla, -desde que el paquete sale del centro de distribución hasta que se lleva a cabo la entrega a su destinatario-, contrataba a personas en situación irregular. Ésto les dejaba en una situación de especial vulnerabilidad a la hora de exigir condiciones laborales dignas.
Las pesquisas policiales permitieron constatar que el primer contacto de la organización criminal con las víctimas se llevaba a cabo a través de redes sociales, aplicaciones de mensajería instantánea e, incluso utilizando el boca a boca entre los feligreses de las parroquias. Una vez las víctimas eran conocedoras de una supuesta oferta laboral, se ponían en contacto telefónico con los miembros de esta organización criminal.
Los “andarines” como nueva forma de explotación laboral
Una vez se llevaba a cabo la primera toma de contacto, los detenidos realizaban una entrevista de trabajo a las víctimas, lo largo de la cual, se les ofrecía la posibilidad de desempeñar un puesto de “andarín”,-distribuir paquetes durante el tramo final de su entrega-. Además, acompañaban estas supuestas ofertas laborales con falsas promesas de contratos, así como de ayudas para conseguir regularizar su situación en nuestro país.
Los investigadores pudieron averiguar que los cabecillas de la organización eran conocedores de la situación de vulnerabilidad de las víctimas, llegando a contratar a menores de edad u ofreciendo el puesto de conductor de furgonetas a personas sin permiso, con el posible riesgo para la seguridad vial que ello conllevaba.
Traslados en furgonetas de reparto y encuentros en descampados
La investigación constató que una vez una víctima aceptaba las condiciones establecidas por parte de la organización criminal, se estipulaba entre ambas partes un punto de encuentro. Hasta ese lugar se acercaban varios miembros del engranaje criminal, quienes recogían a los “andarines” en las mismas furgonetas con las que después se iba a realizar el reparto de paquetes. Posteriormente, eran llevados a descampados donde a cada víctima se le asignaba un carro de grandes dimensiones que utilizarían para transportar bultos, teniendo que acudir hasta dos veces al punto de encuentro para recargar los carros.
La pesquisas policiales permitieron averiguar que, al mismo tiempo que se llevaba a cabo el desplazamiento de las víctimas, otro de los miembros de la trama, quien se encontraba debidamente acreditado para entrar en los centros de distribución, recogía todos los bultos y en la misma puerta, se encargaba de cargar las furgonetas de reparto que eran conducidas por otros de los miembros que no podían acceder al interior al no estar acreditados.
70 céntimos el paquete, 14 horas diarias y larguísimas distancias
Una vez en el descampado, y con independencia de que el contenido de los paquetes se pudiera estropear por posibles condiciones climatológicas adversas, se llevaba a cabo el reparto a cada “andarín”. A partir de ese momento, iniciaban unas jornadas de trabajo que podían alcanzar las catorce horas diarias, con un pago de 70 céntimos por paquete entregado y cubriendo grandes distancias a pie, actividad que desempeñaban seis días por semana.
Además, los miembros de la organización facilitaban sus claves personales para acceder a las aplicaciones de entrega, de tal manera que eran los cabecillas quienes recibían el dinero íntegro por la actividad que realmente estaban realizando los “andarines”, siendo percibido por ellos una pequeña parte.
Por todos estos hechos, y tras una ardua investigación policial, se procedió a la detención de cuatro personas -tres hombres y una mujer- como presuntos responsables de los delitos de pertenencia a organización criminal, explotación laboral y favorecimiento de la inmigración ilegal, pasando posteriormente a disposición de la autoridad judicial.
