El Hospital General Universitario Gregorio Marañón, centro público de la Comunidad de Madrid, ha hecho realidad uno de los deseos más especiales de Paula, de 82 años y paciente de la Unidad de Cuidados Paliativos, ver bailar a su nieta Claudia, bailarina profesional de ‘pole dance’, en un emotivo encuentro celebrado en la azotea del Hospital Oncológico del centro.
Esta acción extraordinaria refuerza el compromiso del Gregorio Marañón con una atención centrada en la persona, donde la humanización y estar cerca del paciente son pilares fundamentales para mejorar la calidad de vida durante esta última etapa. Es una actuación muy especial para destacar hoy, 29 de abril, Día Internacional de la Danza.
La iniciativa surgió tras la llegada de Paula a la unidad, donde el equipo asistencial conoció, a través de su hija María, el gran vínculo existente entre la paciente y su nieta. Ante el deseo de la familia de que pudiera disfrutar de una última actuación de Claudia, quien tenía una competición fuera de España en los próximos días y a la que Paula no podría asistir, se decidió llevar la actuación al hospital. Claudia, nieta de la paciente, ha recalcado el importante significado que tiene para ella haberle regalado este baile a su abuela en sus últimos días.
Gracias a la implicación de todo el equipo sanitario, esta acción se planificó en tiempo récord. En apenas un día, y garantizando todas las medidas de seguridad y condiciones sanitarias necesarias, se pudo preparar e instalar una barra portátil en la azotea del hospital, donde Claudia ofreció su actuación.
El encuentro, sencillo y espontáneo, se convirtió en un momento muy especial no solo para Paula y su familia, sino también para los profesionales y otros pacientes que pudieron compartir la experiencia. Médicos, personal de enfermería y trabajadores del centro se volcaron en esta iniciativa, que puso en valor el papel del acompañamiento y la humanización en la atención sanitaria.
Preservación de la identidad del paciente
Desde la Unidad de Cuidados Paliativos destacan que su labor no se limita a aliviar el dolor y controlar los síntomas físicos, sino que también incluye el cuidado emocional y la preservación de la identidad de cada paciente. “La enfermedad puede quitar muchas cosas, pero no lo más profundo de la persona. Recuperar esos vínculos y aquello que da sentido a su vida también forma parte del tratamiento” ha señalado Celia Suárez, médico de cuidados paliativos del Marañón.
En el caso de Paula, su conexión con su nieta y la danza representa una parte importante de su historia. “Hacer posible este encuentro ha supuesto un beneficio completo para la paciente, su familia, el equipo sanitario y el resto de los asistentes” ha recalcado Ana González, supervisora de la Unidad de Cuidados Paliativos del hospital.
