Un hombre de 42 años ha sido puesto a disposición judicial tras protagonizar un violento asalto en un comercio de la calle Goya. El suceso, que tuvo lugar el pasado 4 de abril alrededor de las 19:45 horas, se saldó con la detención del sospechoso después de que este intentara evadir a la seguridad privada y a las patrullas policiales en pleno corazón del distrito madrileño de Salamanca.
La intervención comenzó cuando agentes de la Policía Municipal de Madrid presenciaron cómo el vigilante de un establecimiento intentaba retener a un individuo que abandonaba el local con una mochila. Lejos de obedecer, el hombre arremetió físicamente contra el personal de seguridad y una mujer que se encontraba en el acceso, logrando salir a la calle para iniciar una huida a la carrera.
Durante la escapada, el detenido ignoró las órdenes de los oficiales y cruzó la calzada con el semáforo en fase roja, lo que obligó a varios conductores a realizar maniobras de frenado para evitar un atropello. Fue en ese instante, en mitad de un paso de cebra, cuando se le desprendió un objeto clave: una pistola de perdigones que funcionaba con cápsulas de CO2.
Botín y metodología
Tras ser interceptado a escasos metros del lugar, el hombre —de nacionalidad española y nacido en 1982— admitió la autoría del robo. Al inspeccionar su mochila, los agentes descubrieron que el compartimento principal estaba revestido con papel de aluminio, un sistema artesanal utilizado para inhibir las radiofrecuencias de los arcos de seguridad y evitar que las alarmas se activen.
En el registro se hallaron los siguientes efectos:
- Una botella de whisky.
- Gafas de sol y un frasco de perfume.
- Diversas herramientas, incluyendo destornilladores y útiles multiusos.
El valor total de la mercancía sustraída asciende a 570 euros. Sin embargo, el uso de la apariencia de un arma de fuego (una imitación de aire comprimido tipo Beretta) para amedrentar al personal eleva la calificación penal de hurto a robo con violencia e intimidación.
Consecuencias legales
El arma intervenida, aunque no es de fuego real, posee un gran realismo visual y capacidad para disparar balines metálicos. Debido a la gravedad de los hechos y al empleo de la fuerza tanto física como intimidatoria, el arrestado podría enfrentarse a penas de prisión que oscilan entre los dos y cinco años, según el Código Penal vigente para este tipo de delitos.
