La ubicación de una de las obras más icónicas del siglo XX, el Guernica de Pablo Picasso, ha vuelto a situarse en el epicentro de la confrontación política nacional. La petición del Gobierno Vasco para trasladar el cuadro de forma temporal a Euskadi ha encontrado una frontal oposición en la Puerta del Sol, desencadenando un cruce de declaraciones que mezcla la gestión cultural con el debate sobre la identidad nacional.
Durante una visita institucional a nuevos recursos sanitarios en Parla, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se ha mostrado tajante ante las pretensiones de las autoridades vascas. Ayuso ha defendido que el patrimonio nacional «es de todos los españoles» y ha rechazado cualquier intento de fragmentarlo en lo que define como «17 estados o naciones».
La presidenta regional ha recurrido a una comparación con eventos internacionales para argumentar su postura: «Ahora vamos a celebrar la Fórmula 1, que es el Gran Premio de España, para que todos los españoles se beneficien; o cuando viene el Papa». En este sentido, ha calificado de «cateto» el hecho de apelar al origen geográfico de las obras según convenga, señalando que, bajo esa lógica, «habría que llevarse toda la obra de Picasso a Málaga». Además, ha advertido de que cualquier desplazamiento pondría en riesgo la integridad física de la obra, dada su extrema fragilidad.
El bloque vasco reclama «reparación histórica»
Desde el País Vasco, la perspectiva es radicalmente opuesta. El Lehendakari, Imanol Pradales, ha aprovechado el marco del Aberri Eguna para exigir al Gobierno central un gesto de «valentía». Para Pradales, permitir que el cuadro viaje a Euskadi con motivo del 90º aniversario del bombardeo sería una forma necesaria de avanzar en la «reparación al pueblo vasco y a la memoria democrática».
En una crítica directa al Ejecutivo central, Pradales ha lamentado que se fuera capaz de «sacar a Franco de su tumba» pero no de trasladar un cuadro a territorio vasco, acusando a la «derechona española» de bloquear un debate que considera de estricta justicia histórica.
Por su parte, Aitor Esteban, portavoz del PNV en el Congreso, ha insistido en que el traslado al Museo Guggenheim es técnicamente «posible» gracias a la mejora en las técnicas de transporte y conservación. Esteban sostiene que la negativa se basa exclusivamente en una falta de voluntad política: «No me trago que digan que sin el Guernica no hay museo [Reina Sofía]».
El choque en las redes: de la arquitectura a las «cañas»
La disputa ha escalado también al terreno de las redes sociales y los símbolos. Ayuso ha intentado desmontar el argumento territorial enumerando hitos arquitectónicos vascos diseñados por madrileños, valencianos o navarros, como el Palacio Euskalduna o el puente Zubizuri. «En el Museo de Bellas Artes de Bilbao hay obras de Goya y Sorolla», recordó para subrayar la universalidad del arte.
La respuesta de Aitor Esteban no se hizo esperar, afeando a la presidenta madrileña su visión de la política y la identidad: «La memoria histórica no es compatible con la catetada de que tu principal reivindicación nacional sea tomarse una caña en una terraza».
